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¡¡¡GRACIAS!!!

¡¡¡GRACIAS!!!

“A quienquiera que tenga gratitud se le dará más, y tendrá en abundancia. A quienquiera que no tenga gratitud, incluso lo que tenga, le será arrebatado”.

“Lo semejante atrae a lo semejante”
Si piensas en cosas por las que puedes estar agradecido, por la ley de la atracción, atraerás más de esas cosas en tu vida.

“Todo lo que haces, vuelve a ti”. “Lo que siembras, cosechas”. “Lo que das, es lo que recibes”. “A toda acción le corresponde siempre una reacción igual y contraria” [Newton], por tanto cada acción de dar gracias provoca siempre una reacción contraria de recibir.

Cuando conviertas la gratitud en tu forma de vida, te despertarás cada mañana entusiasmado por estar vivo. Descubrirás que estás completamente enamorado de la vida. Todo te parecerá fácil.

Haz una lista de lo que realmente deseas en cada área de tu vida (salud y cuerpo, carrera y trabajo, dinero, relaciones, deseos personales, cosas materiales…), todo lo específica y detallada que quieras. El “cómo” se hará por ti cuando la gratitud obre su magia.

Cada mañana da gracias por las cosas que tienes, por pequeñas que sean, enumera tus bendiciones y siente agradecimiento.
Cada noche, justo antes de dormir, piensa en todas las cosas buenas que te han sucedido durante el día y elige lo mejor que te ha pasado agradeciéndolo.

La gratitud es el remedio para las relaciones difíciles o rotas, para la falta de salud o de dinero y para la infelicidad. La gratitud elimina el miedo, la preocupación, la tristeza y la depresión, y aporta felicidad, claridad, paciencia, amabilidad, compasión, comprensión y paz mental. La gratitud aporta soluciones a los problemas, y oportunidades y los medios para realizar tus sueños. La gratitud está detrás de todo éxito, y abre la puerta a ideas y descubrimientos nuevos.

Lleva la gratitud dondequiera que vayas. Impregna tus pasiones, encuentros, acciones y situaciones de la vida con la magia de la gratitud. Si la vida te presenta una situación difícil y crees que no tienes ningún control sobre la misma, te sientes perdido y no sabes qué hacer, en vez de preocuparte o tener miedo, recurre a la magia de la gratitud y da gracias por todo lo demás que tienes en la vida.

Para tener una vida mágica llena de abundancia y felicidad, la respuesta está en tus labios, dentro de tu corazón… ¡¡¡GRACIAS!!!

[extraído del libro “La magia”, de Rhonda Byrne]

 

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El arte de persuadir
 

En la medida que des a los demás lo que necesiten, ellos te darán a ti lo que necesites. Para ello hace falta paciencia, saber qué quiere la gente y saber cómo darles las cosas que quieren o ayudarles a conseguirlo.

No olvides nunca sonreír. Procura hacer bien a las personas en lugar de dañarlas. Amar es ayudar en lugar de lastimar, y empieza con una preocupación y sensibilidad para con los demás. Nada contribuye más a mejorar la imagen de una persona que el hecho de ser amada por otra.

 

Aplica el sistema de fortalecimiento positivo: busca las cualidades positivas de los individuos. El rendimiento mejora considerablemente cuando se anima a las personas a tener un buen concepto de sí mismas, en lugar de recordarles sus defectos. Mira a los demás como seres humanos capacitados, dotados de sentimientos y dignos de respeto. Siempre hay en ellos un vacío que aspira a ser llenado y puedes poner un poco de ti mismo en ese vacío. Tu éxito en las relaciones con los demás empieza con la forma en que los ves.

 

Las 3 columnas que preservan las relaciones humanas son: el Aprecio, la Aceptación y la Aprobación.

Las personas quieren destacar quieren que se repare en ellas y necesitan sentirse importantes. Eso lo consiguen con el reconocimiento de los propios méritos.

Alabar, escuchar, comprender, hacer que los demás se sientan importantes… son medios de proyectar nuestro respeto y admiración hacia los que nos rodean. La alabanza impulsa a la gente a actuar, le infunde confianza interior e incluso fomenta su crecimiento. Mostrar aprecio hace que la otra persona se sienta querida y necesaria, contribuye a que uno se guste a sí mismo. En cambio, negarle la atención a a alguien es rechazarle.

Dirígete a las personas por su nombre, sé cortés, y produce vibraciones de afecto recordándole a alguien que dejó una huella en tu recuerdo.

Aprende a escuchar prestando atención, las personas reaccionan en forma positiva y favorable, y se muestran más dispuestas a hacer las cosas que el oyente sugiere. Refrena la apremiante inclinación a expresar tus opiniones, la interrupción es una mala costumbre. Si tienes alguna pregunta, espera a que el otro acabe su narración antes de pedir las aclaraciones que sean precisas.

No preguntes a una persona por qué hace lo que hace, resulta ofensivo. Y no le digas a la gente que “tiene que” hacer algo, eso produce oposición. Sustitúyelo por peticiones acompañadas de “por favor” y “gracias”.

 

Elimina los conflictos y la irritación en las relaciones. El hecho de no poder perdonar y olvidar hace que la sangre se coagule con mayor rapidez, que aumenten las células sanguíneas y que los músculos del estómago se compriman e inhiban el proceso digestivo… Es mejor perdonar que llevar esa carga. Y cuando perdones… perdónate también a ti mismo.

Se empiezan a producir diferencias, cólera, frustración, conflictos y separaciones cuando falla la comprensión. Esfuérzate en solidarizarte con los demás diciéndoles “Comprendo lo que sientes”, “Tienes derecho a sentir lo que sientes”,  “Estoy contigo”…

Comprender a la gente no significa justificar todas sus malas acciones y sus características indeseables. No obstante, te será más fácil adquirir una actitud de comprensión si detestas el hecho, no a la persona.

Aprende a ser tolerante… aceptando a los demás tal como son, sin irritarte ni pretender que sean perfectos. Practica la costumbre de buscar lo bueno en los demás. Ser tolerante exige esfuerzo pero como beneficio serás más feliz, te sentirás más satisfecho de ti mismo y disfrutarás en mayor medida de tus relaciones.

 

Si quieres que alguien haga algo por ti, tienes que hablar a sus emociones… no a su inteligencia. Hablar a la inteligencia estimula el pensamiento, hablar a la emoción estimula la acción. Hay que hacerlo con suavidad, con paciencia, con deseo de identificarse, tratando de experimentar los sentimientos que crees que experimenta  esa persona e indicando los beneficios que ELLA (no TU) obtendrá si hace tal cosa.

Y nunca, nunca, nunca discutas…. Es posible que ganes la discusión… pero la otra persona se negará a hacer lo lo que le digas.

 

(extraído del libro "Cómo hacer que la gente haga cosas" de Robert Conklin)