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Have you ever really loved a woman (un regalo que te dio la vida).

Si ella te hace falta
como el agua
si es tu mayor necesidad

si por su amor eres feliz
y el mundo es gris cuando no está

si no concibes vivir sin verla
sin duda es la mujer que tu soñabas

si ella te quiere y es el amor de tu vida
ve y dale todo, ámala sin medida
demuéstrale a diario
que es ella tu reina tu consentida
que conocerla fue un milagro
un regalo que te dió la vida

si para ti no hay otra
debes cuidarla
evitar hacerla llorar

si te comprende
y es tu guarida
hazla tu amiga de verdad

y será tuya hasta la muerte
ya verás
que no se va y no traiciona

si ella te quiere y es el amor de tu vida
ve y dale todo, ámala sin medida
demuéstrale a diario
que es ella tu reina tu consentida
que conocerla fue un milagro
un regalo que te dio la vida

haz que se sienta mujer
conquístale la piel
ve y dale tu ser
y ella será tu mujer
cada despertar

si no concibes vivir sin verla sin duda

si ella te quiere y es el amor de tu vida
ve y dale todo, ámala sin medida
demuéstrale a diario
que es ella tu reina tu consentida
que conocerla fue un milagro
un regalo que te dió la vida

conocerla fue un milagro
un regalo que te dió la vida

(de Paulo Coelho)

La alegoría del carruaje

Un día de octubre, una voz familiar en el teléfono me dice:

-Salí a la calle que hay un regalo para vos.

Entusiasmado, salgo a la vereda y me encuentro con el regalo. Es un precioso carruaje estacionado justo frente a la puerta de mi casa. Es de madera de nogal lustrada, tiene herrajes de bronce y lámparas de cerámica blanca, todo muy fino, muy elegante, muy “chic”. Abro la portezuela de la cabina y subo. Un gran asiento semicircular forrado en pana bordó y unos visillos de encaje blanco le dan un toque de realeza al cubículo. Me siento y me doy cuenta que todo está diseñado exclusivamente para mí, está calculado el largo de las piernas, el ancho del asiento, la altura del techo… todo es muy cómodo, y no hay lugar para nadie más.

Entonces miro por la ventana y veo “el paisaje”: de un lado el frente de mi casa, del otro el frente de la casa de mi vecino… y digo: “¡Qué bárbaro este regalo! “¡Qué bien, qué lindo…!” Y me quedo un rato disfrutando de esa sensación.

Al rato empiezo a aburrirme; lo que se ve por la ventana es siempre lo mismo.

Me pregunto: “¿Cuánto tiempo uno puede ver las mismas cosas?” Y empiezo a convencerme de que el regalo que me hicieron no sirve para nada.

De eso me ando quejando en voz alta cuando pasa mi vecino que me dice, como adivinándome:

-¿No te das cuenta que a este carruaje le falta algo?

Yo pongo cara de qué-le-falta mientras miro las alfombras y los tapizados.

-Le faltan los caballos – me dice antes de que llegue a preguntarle.

Por eso veo siempre lo mismo -pienso-, por eso me parece aburrido.

-Cierto – digo yo.

Entonces voy hasta el corralón de la estación y le ato dos caballos al carruaje. Me subo otra vez y desde adentro les grito:

-¡¡Eaaaaa!!

El paisaje se vuelve maravilloso, extraordinario, cambia permanentemente y eso me sorprende.

Sin embargo, al poco tiempo empiezo a sentir cierta vibración en el carruaje y a ver el comienzo de una rajadura en uno de los laterales.

Son los caballos que me conducen por caminos terribles; agarran todos los pozos, se suben a las veredas, me llevan por barrios peligrosos.

Me doy cuenta que yo no tengo ningún control de nada; los caballos me arrastran a donde ellos quieren. Al principio, ese derrotero era muy lindo, pero al final siento que es muy peligroso.

Comienzo a asustarme y a darme cuenta que esto tampoco sirve.

En ese momento veo a mi vecino que pasa por ahí cerca, en su auto. Lo insulto:

-¡Qué me hizo!

Me grita:

-¡Te falta el cochero!

-¡Ah! – digo yo.

Con gran dificultad y con su ayuda, sofreno los caballos y decido contratar un cochero. A los pocos días asume funciones. Es un hombre formal y circunspecto con cara de poco humor y mucho conocimiento.

Me parece que ahora sí estoy preparado para disfrutar verdaderamente del regalo que me hicieron.

Me subo, me acomodo, asomo la cabeza y le indico al cochero a dónde quiero ir.

Él conduce, él controla la situación, él decide la velocidad adecuada y elige la mejor ruta.

Yo… Yo disfruto el viaje.

esta pequeña alegóría debería servirnos para entender el concepto holistico del ser.
Hemos nacido, salido de nuestra “casa” y nos hemos encontrado con un regalo: nuestro cuerpo.  un carruaje diseñado especialmente para cada uno de nosotros. Un vehículo capaz de adaptarse a los cambios con el paso del tiempo, pero que será el mismo durante todo el viaje.

A poco de nacer nuestro cuerpo registró un deseo, una necesidad, un requerimiento instintivo, y se movió. Este carruaje – el cuerpo – no serviría para nada si no tuviera caballos; ellos son los deseos, las necesidades, las pulsiones y los afectos.

Todo va bien durante un tiempo, pero en algún momento empezamos a darnos cuenta que estos deseos nos llegaban por caminos un poco arriesgados y a veces peligrosos, y entonces tenemos necesidad de sofrenarlos. Aquí es donde aparece la figura del cochero: nuestra cabeza, nuestro intelecto, nuestra capacidad de pensar racionalmente. Ese cochero manejará nuestro mejor tránsito.

Hay que saber que cada uno de nosotros es por lomenos los tres personajes que interenen allí

Vos sos el carruaje, sos los caballos y sos el cochero durante todo el camino, que es tu propia vida.

La armonía deerás construirla con todas estas partes, cuidando de no dejar de ocuparte de ninguno de estos tres protagonistas.

Dejar que tu cuerpo sea llevado sólo por tus impulsos, tus afectos o tus pasiones puede ser y es sumamente peligroso Es decir, necesitás de tu cabeza para ejercer cierto orden en tu vida.

El cochero sirve para evaluar el camino, la ruta. Pero quienes realmente tiran del carruaje son tus caballos. No permitas que el cochero los descuide. Tienen que ser alimentados y protegidos, porque… ¿qué harías sin los caballos? ¿Qué sería de vos si fueras solamente cuerpo y cerebro? Si no tuvieras ningún deseo, ¿cómo sería la vida? Sería como la de esa gente que va por el mundo sin contacto con sus emociones, dejando que solamente su cerebro empuje el carruaje.

Obviamente tampoco podés descuidar el carruaje, porque tiene que durar todo el trayecto. Y esto implicará reparar, cuidar, afinar lo que sea necesario para su mantenimiento. Si nadie lo cuida, el carruaje se rompe, y si se rompe se acabó el viaje.

Extraído del libro: “El camino de la autodependencia” de Jorge Bucay

 

(resumen del libro de Linda Georgian)

El proceso de búsqueda de la pareja ideal puede constituir una excelente oportunidad para aprender algo sobre nosotros mismos y nuestras metas en la vida. Pero recuerda que no habrá en tu vida relación más importante que la que establezcas contigo misma. Enamorarse de uno mismo es el principal secreto de la felicidad. El amor propio significa ser pacientes y amables con nosotros mismos. Es cuidar de uno mismo para convertirse en la mejor persona que cada cual puede llegar a ser. Es atender nuestras necesidades físicas, emocionales, mentales y espirituales.

Cuando dependemos de otro, nos perdemos para nosotros mismos y nos convertimos en él; pero cuando aprendemos a independizarnos, nos encontramos y volvemos a ser nosotros. Sólo entonces se hace posible el amor [Susan Jeffers].

La ley del espejo indica que cada cual debe llegar a ser esa persona con la que a él le gustaría estar.

Hay que pensar positivamente de todos, incluso de los que nos han hecho daño, lo que no impide que tengamos derecho a decidir con quién queremos compartir nuestra vida.

Cuando no nos gusta la vida que llevamos o nos sentimos heridos por algo o por alguien, lo mejor es practicar el amor ayudando a los demás.

 

Haz todo el bien que puedas, de todas las formas posibles, a todas las personas que puedas, en todos los lugares y con el mayor celo que seas capaz de desarrollar, hasta donde te sea posible [John Wesley]

Allí donde encontramos un ser humano, hay siempre una oportunidad para ser amables [Séneca]

Cuando buscamos la parea ideal, debemos saber qué estaríamos dispuestos a hacer por amor. Conviene escribir una lista con lo que hacemos con gusto y lo que desearíamos cambiar en nuestra forma de responder al amor.

Nunca podremos llegar a ser lo que deseamos si nos empeñamos en seguir siendo lo que somos [Max de Pree].

Los demás no cambiarán sólo por el hecho de que nosotros los queremos, sino porque ellos quieran cambiar. Todo cambio personal implica un trabajo interior. El amor puede proporcionar la seguridad para que una persona intente crecer y mejorar su vida, pero es ella la que debe hacer la elección de cambiar e intentarlo.

Vivir con amor nos hace libres para ser buenos con nosotros mismos y con nuestros semejantes.

Tenemos la tendencia a ofrecer el amor como si fuera un bien escaso. Es como si temiéramos que se acabara y nos pudiéramos quedar sin nada que ofrecer. Por otro lado, dar cariño nos hace más vulnerables y nos obliga a sufrir y a correr ciertos riesgos. Pero el hecho cierto es que no dejamos de sufrir por dejar de amar, ya que esos sentimientos forman parte del ser humano, y si no sufriéramos no podríamos conocer la maravilla que representan la alegría, la paz y la felicidad Una vida llena de amor es el mayor desafío y la mayor satisfacción que podemos experimentar No nos ahorra ni el sufrimiento ni la tristeza, pero nos da energía para vivir, para superar todo lo malo y para experimentar la felicidad, la alegría, la fe y la esperanza.

Todas las relaciones son regalos que nos ayudan a entendernos y a entender.

Cada jugador debe aceptar las cartas que la vida le reparte; pero una vez que las tiene en las manos, sólo él decide la jugada [Voltaire]

Cuando nos concentramos en las heridas del pasado, no damos a las personas que vamos encontrando por la vida la oportunidad de comenzar una relación limpia. Sin duda podrá haber heridas nuevas, pero cuanto menos levantemos el vendaje para enseñarlas, antes nos curaremos, y una vez curados estaremos más cerca de conseguir la relación deseada.

Es imprescindible tener fe en encontrar lo que buscamos. Si estamos convencidos de elegir mal, acabaremos por atraer a las personas inadecuadas. Las creencias son los mejores instrumentos para realizar nuestros deseos.

La vida es una cuestión de elecciones, y cada elección tiene unas consecuencias, de las que podemos extraer una lección si no queremos repetir los errores

Prepararnos significa crear la oportunidad de desarrollar una relación con una persona concreta, pero somos igualmente libres para dejarla y buscar otra.

La intuiciones una brújula que nos señalará el camino. Visualizar los deseos es fabricar una de las herramientas más poderosas para conseguirlos.

Nunca hay que olvidar que hay que respetar la libertad del otro y sus opiniones sobre nosotros, aunque, por otro lado, siempre hay que arriesgar algo para lograr lo que queremos. Por mucho que suframos siempre podremos recuperarnos y salir adelante. La alternativa al riesgo no es menos dolorosa; es, sencillamente, un dolor distinto; es padecer el miedo y la soledad.

El compromiso nos fortalece para perseverar a pesar de todos los obstáculos.

(resumen del libro de Marcia Grad)

Criada por un rey y una reina estrictos e inflexibles, la delicada Victoria creció soñando que algún día sería rescatada por un príncipe encantador tal y como ocurre en los cuentos de hadas.

Pero cuando es rescatada las cosas no suceden como tenía previsto y el príncipe deja de ser encantador…

Para la princesa su gloria tenía un sabor agridulce pues su preocupación era el príncipe y su principal objetivo encontrar la forma de ayudarle. Sin embargo, no hacer nada era algo que todavía no había intentado. No hacer nada y no decir nada, no dar explicaciones, no defenderse, no poner las cosas en orden, no amenazar, no preocuparse, no pasarse noches en vela pensando, planeando y calculando. Al no hacer nada… en realidad estaba haciendo algo al alejarse del lado del príncipe. La única persona que podía hacer magia en el príncipe… era el príncipe mismo… y la felicidad de la princesa no debía depender de si podía o no cambiar el príncipe… sino de su propia elección de ser feliz.

La princesa aprendió que las palabras pueden hacer tanto daño como los puños y que debía mantenerse alejada de las discusiones acaloradas y de los silencios cortantes. Se imaginaba que tenía la boca tapada con un esparadrapo cada vez que debía recordar no intervenir. Y se repetía continuamente “para que cambien las cosas, debo cambiar yo primero“. Y practicaba al máximo su habilidad para sonreír ante los demás aunque no tuviera ganas, repitiéndose a sí misma  “La felicidad es una elección. Una vez que se ha hecho la elección, debo practicar la felicidad lo mejor que sepa, aunque tenga que fingir hasta que lo consiga”.   Las acciones originan pensamientos, y éstos a su vez, condicionan nuestros sentimientos.

Dado que si uno sigue haciendo lo que siempre ha hecho no consigue más de lo que ha conseguido hasta entonces, la princesa, siguiendo el consejo de un sabio búho, decidió emprender un emocionante viaje por el Camino de la Verdad.

Allí aprendió que es mejor ceder que rendirse. Uno se rinde ante la desesperación y cede a la aceptación de las cosas que no se pueden cambiar. Uno siempre elige, pero cambiar a los demás no es una elección. Se puede elegir no reaccionar ante lo que otro dice o hace, aceptando que, con toda seguridad, va a seguir diciendo y haciendo lo mismo.

La princesa entendió que seguiría sintiéndose agotada, nerviosa y enfadada hasta que decidiera si quería quedarse o marcharse y consiguiera estar en paz con la elección que hubiera tomado. El amor debe hacer a uno sentirse bien, si no, no es amor. Si se siente dolor muchas más veces que felicidad, no es amor. Es algo más que te obliga a estar encerrada en tu propia cárcel, incapaz de ver que la puerta hacia la libertad está delante de ti abierta de par en par. Uno no ve lo que no está dispuesto a ver. Y nunca se puede aprender la verdad en boca de los demás. Cada uno debe descubrirla por sí mismo.

La princesa sentía que cada paso por el Camino de la Verdad la alejaba más de su amado príncipe y de todo lo que había conocido, pero el búho insistía en que aunque le resultara difícil creerlo entonces, podía volver a tener ilusión por muchas cosas…. pues cuanto más se sufre, más oportunidades se poseen para tener una vida maravillosa.

Algunas personas tienen que llegar a tocar fondo para que quieran aprender a salvarse. La habilidad para hacer lo que es mejor aunque no coincida con lo que uno quiere, es un signo de madurez. La vida no viene con certificado de garantía. Se puede aprovechar una oportunidad o dejarla pasar. La única seguridad que existe es la de saber que uno puede cuidarse de sí mismo. El humor hace que el aprendizaje sea más fácil. El desconfiar de nuestra capacidad nos impide avanzar. Mantener la mente tranquila en medio de la turbulencia es una lección difícil de aprender y muy importante. Hay que concentrarse en lo que uno puede hacer en vez de prestar atención a lo que uno no puede conseguir… El miedo y la duda nos impiden ver la realidad.

La princesa aprendió que debía saber escuchar a su corazón, respirar a fondo varias veces mandando mensajes positivos a su mente y a su cuerpo para que se relajaran . Si se confía en la idea de otra persona para elegir nuestro camino, así es en realidad, como nos llegamos a perder. Se dio cuenta de que la mayor parte de su vida había estado pidiendo a los demás su opinión y de que se había sentido nerviosa a la hora de tomar una decisión por miedo a cometer un error.

Uno se convierte en víctima de víctimas cuando la necesidad de ser amado eclipsa la necesidad de ser respetado. Cuando uno deja que los juicios de los demás sean más importante que los suyos, está despreciando su propio poder.

La princesa descubrió que cada día es una nueva oportunidad para ser como uno quiere ser y para que la vida de uno sea como uno quiere que sea. Que en cada relación y en cada experiencia se nos ofrece el regalo de conocernos mejor y aprender. Que el dolor es mejor maestro que el placer ya que de las experiencias dolorosas emana la sabiduría que hace la vida más completa, más rica… y más fácil. El sufrimiento puede ensanchar el corazón y dejar más sitio para el amor y la alegría.

La princesa aprendió a apreciar su sensibilidad,  ya que es lo que abre la puerta a los placeres del universo. A aceptar sus miedos, pues son los que la retaron para desarrollar la fuerza y el coraje.

Y se convenció de que la verdadera felicidad surge del interior de cada uno de nosotros cuando conocemos la verdad de las cosas. Entendió que el amor verdadero significa libertad y crecimiento antes que posesión y limitaciones; que es sinónimo de paz  no de confusión, también de seguridad en vez de miedo, que significa entendimiento, lealtad, estímulo, compromiso, conexión y respeto. El amor verdadero significa aceptar los desacuerdos como amigos y compañeros de equipo y no como adversarios o rivales, pues el auténtico amor no consiste en luchar o en ganar, y tampoco significa degradación, crueldad, ataque o violencia. Hace de tu hogar tu palacio, no tu prisión.

La princesa se preguntó por qué durante tanto tiempo había estado deseando un príncipe y por qué, de hecho, muchas veces había sentido que no era nada si no tenía uno a su lado. Tras recorrer el Camino de la Verdad se dio cuenta de que antes necesitó amar para sentirse bien, y que ahora, podía elegir amar porque se sentía bien. Y llegó a la conclusión de que en los cuentos de hadas de la vida real se puede ser feliz… con o sin príncipe.