Tag Archive: opinión


Liberarse interiormente

(extraído del libro “Volar sobre el pantano” de Carlos Cuahtémoc Sánchez)

Llenarse de energía interior liberándose de cadenas mentales…

Libérate de la creencia de ser el protector de la humanidad. Tienes derecho a no cargar con las culpas de otros.
Ayudar, cooperar, conceder, dar son actitudes de servicio sublimes cuya grandeza estriba precisamente en ser una muestra voluntaria de la generosidad del alma; pero las mismas actitudes pierden su excelsitud cuando se viven a fuerza, por presión o manipulación de otros.
Es momento de empezar a madurar. Tienes derecho a negarte cuando otra persona te trate de obligar a pagar sus culpas.
Es verdad que nuestras actitudes pueden cambiar el rumbo de la existencia de otros, pero en muy pocas ocasiones somos responsables de su ruina. Cada uno puede enderezar el camino de su vida y tú no eres responsable si alguien no lo hace.
Libérate de la presión del sufrimiento ajeno.
Entender que tú no eres el protector de la humanidad, que el sufrimiento ayuda al progreso de quien lo padece y que no hay nada malo en el dolor, pues éste nos hace mejores, es básico para liberarse del primer grillete.
Recuerda siempre: Tienes derecho a no cargar con las culpas de otros. Sobre todo si te obligan a ello, porque entonces no lo harás por servicio o por misión sino por manipulación y nadie puede manipular a una persona madura.

Libérate de la obligación de ser perfecto. Tienes derecho a cometer errores y pagar por ellos.
Si te, equivocas acéptalo, no te defiendas, no busques justificaciones. Grábatelo con fuego: tienes derecho a cometer errores. Tantos como necesites cometer para ir aprendiendo las lecciones de la vida.
Entiende que en el futuro seguirás cometiendo errores y no te sientas mal por ello ni te inhibas para tomar nuevos riesgos. Continúa moviéndote, decidiendo, actuando, aunque te equivoques.
Cada error tiene su precio y debes aceptar pagarlo gustoso
Calificar a las personas con un ‘eres’ acompañado de adjetivos denigrantes es una insolencia enorme. No permitas que algún manipulador te cuelgue etiquetas permanentes y si lo han hecho ya, arráncaselas con decisión para siempre.

Libérate de la rigidez. Tienes derecho a cambiar de opinión
El no atreverse a rectificar el camino, por temor a que alguien se enoje, es un acto pueril e irresponsable. Erradica esa costumbre, quítala de tu cabeza. La rigidez es una excelente cadena que te hace fácilmente muñeco de otros, pues te obliga a mantenerte atado a decisiones que en su momento fueron buenas pero que ya no lo son. La gente y las circunstancias cambian; lo que antes consideraste conveniente puede no serlo a la luz de nuevas ideas. Tienes derecho a cambiar de opinión.
Como es de esperarse, hay que saber también que ejercer este derecho tiene un precio. Con frecuencia, al cambiar de opinión pagarás pérdida de bienes, retroceso en el. camino andado, molestia en otros, etcétera; pero valora lo que pierdes y lo que ganas para actuar después, con los pies en la Tierra, según te convenga. No te sientas atado de manos sólo porque afirmaste algo. Ésas son pamplinas que te hacen víctima de los manipuladores. Tienes derecho a cambiar de opinión.
Si compraste algo y no te gustó, devuélvelo, si anunciaste hacer un negocio determinado, pero luego reflexionas que te beneficia otra cosa, el ‘echarse para
atrás’ no será muestra de inmadurez sino de todo lo contrario. Por supuesto que pocos lo entenderán. Te tildarán de inconsistente, de no tener palabra y si logran intimidarte, cederás y harás algo que de antemano sabes perjudicial. Pero detente… Miles de personas, en una moral mal entendida, se esfuerzan por defender su posición aún sabiendo que es errónea, millones de seres humanos viven soportando situaciones terribles cuando por dentro quisieran cambiar y liberarse de las presiones que aceptaron en otra época. Los que no pueden superar la zona de aprobación suelen tener pánico a que los demás piensen mal de ellos, por eso se ven en la necesidad de hacer cosas que no quieren. (…) Si exaltado por los calores del momento te retaste a golpes con alguien o juraste hacer algo que posteriormente evalúas inconveniente, piénsalo mejor, no hagas lo que ya no quieres hacer. Tienes derecho a cambiar de opinión.

Libérate de la obligación de saberlo todo. Tienes derecho a decir “no sé” o “no entiendo”.
Las personas de mente cerrada tratan de hacer sentir mal a los demás demostrándoles cuán ignorantes son. Te preguntan si has leído determinado libro, si conoces a cierto personaje, si estás enterado de las noticias, esperando que caigas en alguna torpeza para echártela en cara… Recuerda que no tienes por qué fingir o aducir que tal o cual cosa, en efecto, te parece conocida. Arráncate el grillete.
Tienes derecho a decir ‘no sé’ o “no entiendo’. Si te preguntan qué piensas de aquello, no te angusties, puedes contestar con un simple NO SÉ. Si alguien te exige algo que te parece ilógico, dile que no entiendes por qué te pide eso, y no accedas hasta que te explique a tu entera satisfacción. Si alguien está enojado y no sabes la razón, dile abiertamente que no entiendes el porqué de su actitud. Observar con atención y aprender a reconocer una y otra vez que ‘no saben’ para hacer que los demás expliquen, es el secreto de los sabios. Si no sabes o no entiendes algo, dilo.
En vez de sentirte pequeño enorgullécete cada vez que tengas la oportunidad de decir NO SÉ, o NO ENTIENDO, pues aprenderás algo nuevo y ese día tendrá más sentido para ti.

Libérate del complejo de “acusado” tienes derecho a no dar explicaciones.
Si no haces exactamente lo que otros quieren, te acorralarán, obligándote a defender.
(…) Si un manipulador te molesta o trata de que aceptes sus condiciones, no te enojes; manifiesta tu inconformidad serenamente con mucha perseverancia sin explicar nada más. Frente a una persona de mente cerrada que insiste en manejarse, necesitarás ser tenaz, pero sin salirte de tus cabales, diciendo claramente, en forma reiterativa, lo que deseas. No discutas ni trates de convencerlo con argumentos.
Sólo di lo que quieres. Insiste aunque tus frases no contesten lo que él te pregunte, tal como si te hubieses tragado una grabadora que repite siempre lo mismo. La perseverancia exenta de ira desarma totalmente a los cerrados haciéndolos ceder aunque sea de mala gana. La fórmula clave es persistencia con serenidad. No lo olvides. Haz oídos sordos a las amenazas del manipulador. Si él dice no UNA vez, tú dirás sí DOS, si insiste SEIS veces, tú lo harás SIETE, si tiene ONCE frases para hacerte caer, tú tienes DOCE para mantenerte firme. Así de simple, sin gritar, sin molestarle, repitiendo una y otra vez tu punto de vista y evitando caer en el juego de contestar las preguntas o dar explicaciones y excusas.

Cuando cambias lo que comes, cambias lo que eres. La mente se alimenta de conceptos. Al final, nosotros somos el dibujo de las ideas con las que nos alimentamos más continuamente.
 

(extraído del libro “Usted puede sanar su vida” de Louise Hay)

Todo lo que pensamos va creando nuestro futuro.

El momento del poder es siempre el presente.

En nuestros peores momentos, pensamos: «Yo no sirvo…». No es más que una idea, y una idea se puede cambiar.

La vida es realmente muy simple: Recibimos lo que hemos dado. Cada uno de nosotros crea sus experiencias con lo que piensa y lo que siente.

El resentimiento, la crítica y la culpa son las reacciones más dañinas.

«Toda enfermedad proviene de no haber perdonado algo», y que «Cada vez que enfermamos, debemos mirar a nuestro alrededor para ver a quién tenemos que perdonar. La persona a quien más difícil se nos hace perdonar es aquella misma de quien más necesitamos liberarnos. Perdonar significa renunciar, dejar en libertad. No tiene nada que ver con ningún comportamiento externo; es simplemente no seguir aferrado a algo. «Te perdono por no ser como yo quería que fueras. Te perdono y te dejo en libertad.»

«Debería» es una de las palabras más dañinas de nuestro lenguaje. Cada vez que la usamos estamos, de hecho, hablando de una «equivocación». Decimos que estamos equivocados, o que lo estuvimos o que lo estaremos.

Lo que necesitamos es tener más libertad de elección. Reemplazar «debería» por «podría». «Podría» nos permite una opción, y nunca nos equivocamos.

Si a un niño le decimos cuánto lo queremos y cuánto nos importa, que nos encanta el aspecto que tiene y que es simpático e inteligente, que nos gusta su manera de hacer las cosas y que está bien que cometa errores mientras aprende, y que estaremos siempre a su lado en cualquier situación… ¡entonces, el potencial que muestre ese niño nos dejará alucinados!

Cualquier cosa que yo decida creer, llega a ser verdad para mí. Lo que pensamos puede ser totalmente diferente. Sea cual fuere el problema, proviene de un modelo mental, ¡y los modelos mentales se pueden cambiar!

Si queremos una vida jubilosa, debemos tener pensamientos jubilosos. Si queremos una vida próspera, debemos tener pensamientos de prosperidad. Si queremos una vida llena de amor, debemos poner amor en nuestros pensamientos. Aquello que, verbal o mentalmente, enviemos hacia afuera, será lo que de la misma forma vuelva a nosotros.

No importa durante cuánto tiempo hayamos seguido un modelo negativo o sufrido una enfermedad o una mala relación, o padecido dificultades financieras. No importa durante cuánto tiempo nos hayamos aborrecido a nosotros mismos. ¡Hoy podemos empezar a cambiar!

Si escoge ideas que le creen problemas y sufrimiento, estará haciendo una tontería, como si eligiera comidas que siempre le caen mal.
Sin embargo, tan pronto como descubre cuáles son las comidas que le hacen daño, las evita. Lo mismo tiene que hacer con los pensamientos. Manténgase lejos de las ideas que le causan problemas y dolor.

Sucede algo y uno se enfada; sucede otra cosa, y vuelve a enfadarse, una y otra vez, pero nunca se va más allá del enojo. Es una reacción tonta que desperdicie uno su tiempo sin hacer nada más que enojarse. Sería mucho más útil preguntarse cómo es que uno va creando tantas situaciones enojosas. Si lo que damos es enojo, estamos creando situaciones que nos darán motivos de enojo.

Debemos cambiar nuestra manera de pensar, nuestra manera de hablar, nuestra manera de expresarnos. Sólo entonces se producirán los cambios externos.

Combatir lo negativo es una total pérdida de tiempo, si lo que usted realmente quiere es llevar a cabo cambios en su vida. Cuanto más insista en lo que no quiere, tanto más estará creándolo. Lo más probable es
que las cosas que siempre le han disgustado, aún sigan formando parte de usted o de su vida.

Aquello en que se fija la atención es lo que crece y se consolida. Apártese de lo negativo para fijar la atención en aquello que realmente quiere ser o tener. Aprenda a usar afirmaciones positivas tanto al hablar como al pensar. Formule siempre sus enunciados en tiempo presente.

No postergue su propia prosperidad con celos o resentimientos porque haya otras personas que tengan más que usted. No critique la forma en que los demás gastan su dinero. Eso no es asunto suyo.

Esta es la única manera de cambiar a los demás: empezar por cambiarnos a nosotros. Cambie usted sus modelos mentales y verá como «ellos» también actúan de otra forma.

«Me acepto y me apruebo, me acepto y me apruebo, me acepto y me apruebo.» Pase lo que pase, le digan lo que le digan, le hagan lo que le hagan, usted siga repitiéndoselo. De hecho, cuando pueda decirse eso sea cual sea la situación en la que se encuentre, sabrá que está creciendo y cambiando. Parte de la aceptación de sí mismo reside en liberarse de las opiniones ajenas.

(del libro de Alex Rovira y Francesc Miralles)
¿Quién soy?
Soy lo que yo decida ser.
¿De dónde vienes?
Vengo de mí misma.
¿A dónde vas?
Al centro de mí misma.
¿Qué haces aquí?
¡Vivir!
Cada persona es un Banco de amor: “gestiona un amor sin intereses, porque se da libremente sin esperar nada a cambio. Se pueden ingresar sonrisas, abrazos, besos, mimos… Sea lo que sea lo que inviertas, siempre te saldrá a cuenta y multiplicarás su valor. También puedes realizar ingresos de mucho valor, pero sumamente discretos: en este banco se valora saber perdonar, callar a tiempo, agradecer los gestos de otros… El amor es una divisa que nunca pierde valor en la bolsa de la vida”.
Cada persona tiene tres escalones en su cabeza y hay que limpiarlos: “El primero es la opinión que tenemos de los demás, que sólo sirve para crear prejuicios. El segundo es la opinión que creemos que los demás tienen de nosotros, que genera miedos, engaños y malentendidos. El tercero es la opinión que tenemos de nosotros mismos, que hace que nos miremos al ombligo e inventemos problemas. Conviene limpiar de vez en cuando las opiniones de estos tres escalones para lograr una vida auténtica y feliz”.
Cada persona se encuentra con una serie de obstáculos en el camino a la felicidad, unos son imaginarios, los creamos nosotros mismos, son nuestros miedos, otros son reales, a los cuales debemos considerar trampolines para llegar a los lugares a los que nunca hubiéramos llegado por nosotros mismos. “La felicidad siempre está más cerca de lo que imaginamos aunque la busquemos lejos”.
“La risa es el disolvente universal de las preocupaciones”.
“Por muy pequeña que sea tu ventana, el cielo sigue siendo igual de grande”.
“Los que no sueñan están muertos en vida”. “Al proyectar tus sueños empiezas a construirlos”.
“La felicidad no es una meta, sino sólo un perfume”. “Es el perfume que desprende aquello que está bien hecho. Una puesta de sol perfecta, la caricia a un cachorro, la mirada de un ser amado, una canción sublime… cualquier momento inolvidable. Por eso no la puedes capturar como si fuera una mariposa”. “Cazar una mariposa es como cazar el alma, y el alma se pone en las cosas, pero no está en las cosas”.
El contacto de un camarero con cada cliente que pide un café no supera de media un minuto escaso. Independientemente de la calidad del café, que es lo de menos, en ese minuto el camarero tiene ante sí tres opciones o, mejor dicho, tres posibles resultados que dependerán de su actitud. En ese minuto puedes conseguir que la persona se marche peor de lo que ha llegado si eres grosero. O bien puede irse igual que ha venido si lo tratas con indiferencia. Pero también tienes la oportunidad de que salga del café mejor de lo que ha entrado si le regalas un poco de amabilidad.
¿qué tiene que ver eso con el sentido de la vida?
“¡Éste ES justamente el SENTIDO DE LA VIDA!, y no sólo para los camareros. Todos tenemos cada día decenas de pequeños y grandes contactos con los demás. Nuestro reto es conseguir el tercer resultado: que su vida sea un poco mejor después de estar con nosotros. ¡Ése es el desafío, el premio gordo de cada encuentro!”.
“La felicidad es vivir sin miedo a elegir. Nos perdemos en el laberinto cuando permitimos que elijan por nosotros. Porque uno es aquello que elige ser, pero también aquello que renuncia ser.”
 

Los padres tras el divorcio.

 

El divorcio impone dos tareas a los adultos. La primera es reconstruir su vida de adultos, aprovechando positivamente las segundas oportunidades que brinda el divorcio. La segunda es cumplir las funciones de padre o madre, después del divorcio, protegiendo a los hijos del fuego cruzado entre los ex cónyuges y prodigándoles cuidados y afecto.

 

Reconstruir la vida.

Cualquiera que sean las razones que les impulsan a divorciarse, la mayoría de las personas que ponen fin a su matrimonio lo hacen con la esperanza de mejorar su calidad de vida y la de sus hijos. Esperan hallar un nuevo amor, una relación mejor, una pareja sexualmente más estimulante, un compañero más comprensivo, un proveedor más eficiente. Si ello no ocurre, esperan vivir solos, pero llevando una vida en la que tengan la oportunidad de respetarse a sí mismos, estar tranquilos o, al menos, experimentar una existencia menos turbulenta, sin intromisiones ni sufrimientos. Para aquel que inicia los trámites, la expectativa de una nueva vida resulta ser mucho más importante que la crisis que produce el divorcio.

Para los adultos, el divorcio se percibe como una segunda oportunidad, existe la posibilidad de enamorarse, de hacer una elección más acertada, de recuperar la dignidad, de enmendar un error, de redefinir su condición de adulto y sus metas y aplicar lo que aprendió durante su primer matrimonio, existe la oportunidad de crecer psicológicamente y ser un padre o madre mejor, se forme o no una nueva pareja.

Sin embargo no existen pruebas de que el tiempo disminuya automáticamente la intensidad de los sentimientos y los recuerdos; que puedan superarse el dolor y la depresión, o que los celos, la ira y la humillación se desvanezcan. 

Cuando el matrimonio ha sido prolongado, el sentimiento de identidad de un cónyuge está ligado al otro y al matrimonio, y hay que rescatar el yo.

Es más fácil que un adulto tenga éxito después del divorcio si tiene un pasado en el cual se ha destacado, algún punto de referencia que le recuerde su antigua independencia y sus éxitos previos. Son muchos los factores que condicionan nuestras segundas oportunidades: la edad, el sexo, el dinero, el aspecto físico, el coraje, la suerte y muchas de las decisiones que se toman según pasa el tiempo.

 

Las mujeres que se divorcian entre los treinta y los cuarenta años tienden a restablecer vínculos con viejas amistades y a buscar nuevos grupos y actividades, decididas a encontrar apoyo en otras personas. Al evitar el aislamiento social, muchas mujeres crecen psicológicamente. Esto no garantiza la felicidad, pero ayuda a mitigar el dolor.

Nada ayuda a recuperar con tanta rapidez y dicha la propia estimación y la felicidad del adulto divorciado como un romance o un segundo matrimonio afortunado.

 

  

Proteger y cuidar de los hijos

Es muy importante que cada uno de los padres se abstenga de quebrantar las pautas que los hijos establezcan con el otro, así como que los niños constaten que tienen un padre y una madre que se preocupan por él pese a la disolución del matrimonio.

La custodia compartida de los hijos requiere una gran dosis de cooperación, comunicación, sensibilidad y flexibilidad, y también, la capacidad de permitir que el ex cónyuge tenga una vida propia, romances incluídos.

Algunos padres someten a interrogatorios a sus hijos para que les transmita información sobre las actividades de sus ex cónyuges con lo cual los niños se sienten muy presionados. Cuando se pide a los hijos que lleven y traigan mensajes a los padres enemistados les resulta una tarea penosa, ardua y humillante.

A pesar de los sentimientos enfrentados que puedan existir entre los padres, deben ofrecer a los hijos el apoyo económico que hubiera recibido en un matrimonio no divorciado y un apoyo emocional mayor para compensar la mayor ansiedad sufrida por el hijo.

Un divorcio que se lleve a cabo meditadamente y con sentido realista puede enseñar a los hijos cómo afrontar los problemas serios de la vida con compasión, sabiduría y mediante la conducta apropiada.

 

 

Los hijos tras el divorcio

 

Los hijos, a diferencia de los adultos, no perciben el divorcio como una segunda oportunidad, y ello forma parte de su sufrimiento. El divorcio engendra niños hambrientos de afecto y atención. Para ellos es importante tener buenos recuerdos del matrimonio de sus padres, necesitan saber que sus padres se hayan amado alguna vez, con el fin de confirmar lo bueno que hay en ellos y en su origen.

 

El divorcio es una experiencia diferente para los niños que para los adultos porque pierden algo que es esencial para su desarrollo: la estructura familiar. La familia es para el niño la entidad que le brinda el apoyo y la protección que él necesita. Los hijos sienten que sus padres son culpables por haber fracasado en una de las tareas más importantes de la vida, que es la de mantener unidos el matrimonio y la familia en la pobreza y en la riqueza, en la dicha y en la desdicha.

La primera reacción del niño ante el divorcio es la de temor. Experimentan una profunda sensación de pérdida y tristeza. Durante años los niños luchan contra sus sentimientos de enojo y tristeza. La mayoría de niños esperan que sus padres se reconcilien. Se sienten solos y desamparados. Muchos niños en edad escolar se quejan de síntoma psicosomáticos como dolor de vientre o de cabeza.

La furia del niño está unida a una sensación de impotencia. Sienten que su opinión no cuenta, que no pueden influir en ese acontecimiento tan importante para sus vidas. Muchos niños se sienten culpables y otros consideran que es su deber tratar de recomponer el matrimonio. Surgen también conflictos de lealtad hacia cada uno de los padres frente al otro.

 

Cuando uno de los progenitores abandona al otro, los niños lo interpretan como si les abandonaran a ellos. Muchas adolescentes se ven impulsadas, por cariño y compasión, a identificarse con el padre o la madre rechazados.  Al crecer, temen emplear la palabra amor porque las relaciones son inciertas y desconfían de los compromisos porque sus padres rompieron el suyo. Los hijos del divorcio suelen postergar tener hijos hasta estar seguros que su matrimonio funciona bien.

 

La aparición de una nueva pareja de la madre/padre le plantea al hijo el conflicto de si es ser desleal a su padre/madre llevarse bien con ella. La relación de la nueva pareja con los hijos se construye con innumerables transacciones y respuestas, a través de las cuales, el niño percibe que la otra persona se interesa por él.

Algunas adolescentes pueden encontrar en su madrastra una amiga y aliada. Los hijos desean que la madrastra haga feliz al padre, que los reciba cordialmente y que no los haga sentir intrusos.

 

Para superar el divorcio de los padres, los hijos tendrán que reconocer que sus padres son seres humanos que pueden cometer errores, y respetarlos por sus esfuerzos y coraje por recurrir a una solución moral y socialmente aceptable.
 
(extraído del libro de la Dra Judith S. Wallerstein y Sandra Blakeslee)
 
Artículos relacionados con este tema:

 

 
El arte de persuadir
 

En la medida que des a los demás lo que necesiten, ellos te darán a ti lo que necesites. Para ello hace falta paciencia, saber qué quiere la gente y saber cómo darles las cosas que quieren o ayudarles a conseguirlo.

No olvides nunca sonreír. Procura hacer bien a las personas en lugar de dañarlas. Amar es ayudar en lugar de lastimar, y empieza con una preocupación y sensibilidad para con los demás. Nada contribuye más a mejorar la imagen de una persona que el hecho de ser amada por otra.

 

Aplica el sistema de fortalecimiento positivo: busca las cualidades positivas de los individuos. El rendimiento mejora considerablemente cuando se anima a las personas a tener un buen concepto de sí mismas, en lugar de recordarles sus defectos. Mira a los demás como seres humanos capacitados, dotados de sentimientos y dignos de respeto. Siempre hay en ellos un vacío que aspira a ser llenado y puedes poner un poco de ti mismo en ese vacío. Tu éxito en las relaciones con los demás empieza con la forma en que los ves.

 

Las 3 columnas que preservan las relaciones humanas son: el Aprecio, la Aceptación y la Aprobación.

Las personas quieren destacar quieren que se repare en ellas y necesitan sentirse importantes. Eso lo consiguen con el reconocimiento de los propios méritos.

Alabar, escuchar, comprender, hacer que los demás se sientan importantes… son medios de proyectar nuestro respeto y admiración hacia los que nos rodean. La alabanza impulsa a la gente a actuar, le infunde confianza interior e incluso fomenta su crecimiento. Mostrar aprecio hace que la otra persona se sienta querida y necesaria, contribuye a que uno se guste a sí mismo. En cambio, negarle la atención a a alguien es rechazarle.

Dirígete a las personas por su nombre, sé cortés, y produce vibraciones de afecto recordándole a alguien que dejó una huella en tu recuerdo.

Aprende a escuchar prestando atención, las personas reaccionan en forma positiva y favorable, y se muestran más dispuestas a hacer las cosas que el oyente sugiere. Refrena la apremiante inclinación a expresar tus opiniones, la interrupción es una mala costumbre. Si tienes alguna pregunta, espera a que el otro acabe su narración antes de pedir las aclaraciones que sean precisas.

No preguntes a una persona por qué hace lo que hace, resulta ofensivo. Y no le digas a la gente que “tiene que” hacer algo, eso produce oposición. Sustitúyelo por peticiones acompañadas de “por favor” y “gracias”.

 

Elimina los conflictos y la irritación en las relaciones. El hecho de no poder perdonar y olvidar hace que la sangre se coagule con mayor rapidez, que aumenten las células sanguíneas y que los músculos del estómago se compriman e inhiban el proceso digestivo… Es mejor perdonar que llevar esa carga. Y cuando perdones… perdónate también a ti mismo.

Se empiezan a producir diferencias, cólera, frustración, conflictos y separaciones cuando falla la comprensión. Esfuérzate en solidarizarte con los demás diciéndoles “Comprendo lo que sientes”, “Tienes derecho a sentir lo que sientes”,  “Estoy contigo”…

Comprender a la gente no significa justificar todas sus malas acciones y sus características indeseables. No obstante, te será más fácil adquirir una actitud de comprensión si detestas el hecho, no a la persona.

Aprende a ser tolerante… aceptando a los demás tal como son, sin irritarte ni pretender que sean perfectos. Practica la costumbre de buscar lo bueno en los demás. Ser tolerante exige esfuerzo pero como beneficio serás más feliz, te sentirás más satisfecho de ti mismo y disfrutarás en mayor medida de tus relaciones.

 

Si quieres que alguien haga algo por ti, tienes que hablar a sus emociones… no a su inteligencia. Hablar a la inteligencia estimula el pensamiento, hablar a la emoción estimula la acción. Hay que hacerlo con suavidad, con paciencia, con deseo de identificarse, tratando de experimentar los sentimientos que crees que experimenta  esa persona e indicando los beneficios que ELLA (no TU) obtendrá si hace tal cosa.

Y nunca, nunca, nunca discutas…. Es posible que ganes la discusión… pero la otra persona se negará a hacer lo lo que le digas.

 

(extraído del libro "Cómo hacer que la gente haga cosas" de Robert Conklin)