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El arte del no apego

(extraído del libro “Los sietes mitos del verdadero amor” de Mike George)

Las 7 estrategias del desapego:

  1. En tu manera de relacionarte, pasa de poseedor a administrador. Nada te pertenece realmente. Eres depositario de cualquier cosa que llegue a tu vida, hasta que llegue el momento en que le toque a otro tenerla en su vida. Nada es mío.
  2. Suelta. Utiliza esta estrategia cuando te aferres a una opinión o punto de vista específico.
  3. Practica el dar. Hasta que puedas ver completamente que dar (a otros) es recibir (de tu yo).
  4. Ensaya mentalmente distintos resultados. Tómate unos minutos para visualizar cambios futuros, como una preparación para aceptar esos cambios cuando en efecto lleguen. Vete a ti mismo haciendo aquello que antes habías pensado que no podías.
  5. No te identifiques con la situación o el resultado. No hacer que tu felicidad dependa de algo fuera de tu yo, es especial del resultado de tus acciones o de las acciones de otros. Está satisfecho, cualquiera que sea el resultado. Esto no significa que las cosas no puedan mejorarse, sólo significa que el viaje es tan importante como el destino. Haz las cosas bien y notarás así que tu felicidad surge naturalmente.
  6. Imagina que otra persona lidia con la situación ¿cómo lo haría? Tómate un momento para imaginar cómo alguien, cuya sabiduría respetes, manejaría la situación.
  7. Observa la situación con los ojos del otro. Preguntar, escuchar, ese es el secreto para comprender el punto de vista del otro. Utiliza esta estrategia hasta que seas completamente consciente de que no puedes controlar a los demás, hasta que seas capaz de liberar totalmente a tu yo del querer algo de alguien.

Sólo cuando seas un maestro del desapego -o no apego- serás capaz de liberarte de tus reacciones emocionales, ya que todas las emociones tienen su raíz en el apego, y por tanto, en el ego.

(Gracias a mi amiga Mª Rosa por haberla compartido conmigo)

Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida. Si insistes en permanecer en ella más allá del tiempo necesario, pierdes la alegría y el sentido del resto. Cerrando círculos, o cerrando puertas, o cerrando capítulos, como quieras llamarlo. Lo importante es poder cerrarlos, y dejar ir momentos de la vida que se van clausurando.

¿Terminó tu trabajo?, ¿Se acabó tu relación?, ¿Ya no vives más en esa casa?, ¿Debes irte de viaje?, ¿La relación se acabó? Puedes pasarte mucho tiempo de tu presente “revolcándote” en los porqués, en devolver el cassette y tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho. El desgaste va a ser infinito, porque en la vida, tú, yo, tu amigo, tus hijos, tus hermanos, todos y todas estamos encaminados hacia ir cerrando capítulos, ir dando vuelta a la hoja, a terminar con etapas, o con momentos de la vida y seguir adelante.

No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos porqué. Lo que sucedió, sucedió, y hay que soltarlo, hay que desprenderse. No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros. ¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir!

Por eso, a veces es tan importante destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa, romper papeles, tirar documentos, y vender o regalar libros.

Los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación.

Dejar ir, soltar, desprenderse. En la vida nadie juega con las cartas marcadas, y hay que aprender a perder y a ganar. Hay que dejar ir, hay que dar vuelta a la hoja, hay que vivir sólo lo que tenemos en el presente…

El pasado ya pasó. No esperes que te lo devuelvan, no esperes que te reconozcan, no esperes que alguna vez se den cuenta de quién eres tú… Suelta el resentimiento. El prender “tu televisor personal” para darle y darle al asunto, lo único que consigue es dañarte lentamente, envenenarte y amargarte.

La vida está para adelante, nunca para atrás. Si andas por la vida dejando “puertas abiertas”, por si acaso, nunca podrás desprenderte ni vivir lo de hoy con satisfacción. ¿Noviazgos o amistades que no clausuran?, ¿Posibilidades de regresar? (¿a qué?), ¿Necesidad de aclaraciones?, ¿Palabras que no se dijeron?, ¿Silencios que lo invadieron? Si puedes enfrentarlos ya y ahora, hazlo, si no, déjalos ir, cierra capítulos. Dite a ti mismo que no, que no vuelven. Pero no por orgullo ni soberbia, sino, porque tú ya no encajas allí en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en esa oficina, en ese oficio.

Tú ya no eres el mismo que fuiste hace dos días, hace tres meses, hace un año. Por lo tanto, no hay nada a qué volver. Cierra la puerta, da vuelta a la hoja, cierra el círculo. Ni tú serás el mismo, ni el entorno al que regresas será igual, porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático. Es salud mental, amor por ti mismo, desprender lo que ya no está en tu vida.

Recuerda que nada ni nadie es indispensable. Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo. Nada es vital para vivir porque cuando tú viniste a este mundo, llegaste sin ese adhesivo. Por lo tanto, es costumbre vivir pegado a él, y es un trabajo personal aprender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy te duele dejar ir.

Es un proceso de aprender a desprenderse y, humanamente se puede lograr, porque te repito: nada ni nadie nos es indispensable. Sólo es costumbre, apego, necesidad. Pero cierra, clausura, limpia, tira, oxigena, despréndete, sacúdete, suéltate.

Hay muchas palabras para significar salud mental y cualquiera que sea la que escojas, te ayudará definitivamente a seguir para adelante con tranquilidad. ¡Esa es la vida!

Por Paulo Coelho – Novelista Brasilero

Es otro día y parece normal
salgo a la calle quiero comenzar
a encontrar una forma de rehabilitar
la energía que todos tenemos en el corazón.

La gente se ve que no tiene color
veo sus rostros de preocupación
confundidos sin tiempo para sonreír
esperando que pasen los años sin poder vivir.

La vida se va, es tu decisión,
comiénzala a usar,
siempre mira adelante,
la vida aqui está,
es tiempo de amar, ven llévatela,
haz con ella un diamante de amor,
y brillarán los días,
en tu universo veras salir el sol,
la vida aquí esta.

Dame la mano, tienes que subir
a la cima más alta y ahí compartir
esa luz que ilumina tu forma de ser
esos sueños que todos tenemos
en nuestro interior.

La vida se va, es tu decisión,
comiénzala a usar,
siempre mira adelante,
la vida aqui está,
es tiempo de amar ven llévatela,
haz con ella un diamante de amor,
y brillarán los días,
en tu universo veras salir el sol,
la vida aquí esta.

La vida se va, es tu decisión,
comiénzala a usar,
siempre mira adelante,
la vida aqui está,
es tiempo de amar, ven llévatela,
haz con ella un diamante de amor.

Seguir sin ti

(Extraído del libro
SEGUIR SIN TI, de Jorge Bucay y Silvia Salinas)

“Ese no era el mundo con el que soñé… Es difícil poner fin a una pareja. Es difícil despedirse. Generalmente preferimos, conscientes o no, quedar ligados, aunque sepamos que ese sentimiento nos enferma simbólica y efectivamente. Pero decidí correr el riesgo de disfrutar o padecer aunque fuera en soledad, la vida que yo eligiera para mí.

Me sentía entremezclada de mis emociones a veces contradictorias. Dolorida, aliviada, asustada, liberada, confusa, sorprendida, rara y diferente, pero también libre. De ahí la serenidad que sobrepasaba a la tristeza y a veces la opacaba.

Habían sido muchos meses de duda, de evaluación acerca de seguir o terminar. Demasiadas horas de llanto y angustia, de idas y venidas, de esperanzas y decepciones, de recuerdos de tiempos ya idos y de derrumbe de proyectos imposibles. Semanas de hablar y hablar para volver siempre a ningún lugar. Es duro admitir que a veces el esfuerzo y la buena voluntad no alcanzan para recomponer el amor.  Con una mezcla de tristeza y alivio pensaba que ahora disponía de mi tiempo, de mis espacios… y hacía una lista de las ventajas de mi nueva situación, de las actividades que iba a realizar… E intentaba recordarlo cuando alguno de los demonios del arrepentimiento estaban al acecho, cuando sentía miedo por pensar que quizás podría haberme equivocado o por si caía en el autocompadecimiento por lo que me había sucedido.

Tenía que internarme en un río de aguas desconocidas, que no sabía a qué orilla me acercaría.

Pero lo primero era recuperarme a mí… Dar por finalizada una relación de pareja y separarse físicamente es sólo la cara visible de una separación. Hacer que nuestra alma se despida de lo que fue y de lo que no fue pero podría haber sido, implica mucho más. Si no consigues “soltar” a la persona de la que te separas, difícilmente encontrará tu corazón las condiciones para abrirse al verdadero amor. Al darnos cuenta de que algo se ha roto caemos en el error de creer que la separación podrá por si misma darnos lo que necesitamos. Pero una separación no es un acto reparador y mágico, sino un camino a veces doloroso que es preciso recorrer antes, durante y después del final de un vínculo, tanto más si la relación ha sido importante para nuestro corazón y trascendente en nuestra vida. Es cierto que a veces la persona que se separa comienza por experimentar, al principio, una fascinante sensación de libertad y la apertura a un mundo de infinitas posibilidades antes vetadas. Pero luego, más tarde o más temprano, algo sucede, y la historia de lo vivido y compartido vuelve a pesar otra vez…

Me gustara o no, lo sucedido estaba dentro de mí y tenía que aceptarlo. No se trataba de borrarlo, porque el vacío que dejaría el eslabón faltante, el hueco, el agujero, sería siempre un obstáculo para conseguir la paz interior que define la verdadera felicidad. Tenía que aceptar nuestra historia, sin pelearme con ella. Asumir lo sucedido, simplemente porque así había ocurrido. Cualquier otro camino me llevaría hacia una batalla perdida, la de luchar contra el pasado, gastando energía en el inútil trabajo de querer cambiarlo.

Lo más importante en el proceso de un duelo es aprender a enfrentarse con la ausencia de aquello que no está, es tolerar la impotencia frente a lo que se quebró, es hacerse fuerte para soportar la conciencia de todo lo que no pudo ser; esta es la esencia del dolor que subyace a una pérdida, y más allá de cualquier comprensible y necesaria catarsis, no se puede aliviar reclamando justicia, ni se puede sanar consiguiendo condena.

Para pasar al siguiente momento de mi vida, en el que todo fuera más nutritivo, debía ponerme en contacto profundo con mi tristeza, aunque me lastimara hacerlo. Al corazón poco le importa de quién fue la culpa, sólo siente el dolor de lo perdido. No podía seguir escapando, ni por la vía del enfado ni llenándome de cosas para no pensar. Si continuaba estacionada en el reproche me seguiría dañando. El resentimiento aleja del amor, impidiéndote disfrutar de las cosas que más deseas y te gustan. Así que debía trascender el rencor.

Para ello un buen ejercicio es ponerse en la piel del otro, comprender que él también había tenido sueños, ilusiones, esperanzas y decepciones, percibir sus frustraciones más profundas y su tristeza. Otro ejercicio es hacer un “balance de reclamos y regalos”, una lista de las cosas que me irritaban de él, y otra con todos aquellos momentos que le podía agradecer, cuando sentí bienestar, protección, complicidad, ternura, crecimiento o cualquier otra sensación positiva. Eso permite poner en blanco y negro la idea de que no todo con la otra persona ha sido malo y de que lo vivido juntos de ninguna manera ha sido inútil.

Surge dolor, sensación de impotencia, autorreproche, llanto, cuestionamientos… La aceptación, la comprensión y el perdón que se necesitan, más que una gracia hacia el otro, son un gesto de consideración y amor hacia uno mismo. Aceptar no es resignarse, comprender no es estar de acuerdo y perdonar no es olvidar.

Estar en pareja implica no sólo la capacidad de albergar la dulzura del amor, sino también la capacidad de enfrentar juntos las tormentas que desata la personalidad de cada uno. La magia del amor consiste en que quien te ama sabe qué podría hacer para dañarte gravemente, pero nunca lo hace. “Contigo puedo ser yo mismo” es la frase que todos queremos pronunciar y la que más nos deleita oír. Pero cuando aparecen los reproches, la magia se escapa por la grieta de no querer amparar al otro cuando aparece siendo quien es. La manera de cerrar la grieta no es que el otro deje de ser quien es, sino reconocer que cuando algo me molesta mucho en el otro, esto se relaciona con algún aspecto mío con el que tengo dificultad. La pelea externa es una muestra de una pelea interna. A lo largo de la vida de una pareja, a cada uno le tocará alternativamente ayudar y ser ayudado. Ayudar no es imponer el propio criterio, sino atender a lo que el otro necesita. La competencia por tener la razón aleja del contacto íntimo y de la posibilidad de ver juntos los dolores de cada uno.

El otro es quién es, y así debe ser. Uno no tiene derecho a querer cambiar al otro, pero sí puede preguntarse ¿me compensa? Y la respuesta puede ser NO.

Cada ex pareja tendrá que encontrar su propia manera de relacionarse después de la separación. Espero que con el tiempo ambos aceptemos la relación que podamos tener, sabiendo que hay temas que no podremos hablar porque nunca los hemos resuelto, pero sí podremos tratar las áreas que podamos compartir sin problemas. El camino no es estar de acuerdo con lo que el otro hace después de separado, pero se puede intentar entender sus razones, aunque sean muy distintas de las propias. Aceptar que el otro tiene sus razones para hacer lo que hace aunque yo no lo comparta. Por algo nos separamos… Cuando ambos seamos capaces de perdonarnos el uno al otro, y a nosotros mismos, podremos estar preparados para sentir la presencia y el merecimiento del amor.”

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