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Enseñame, enseñame,
a ser feliz, como lo eres tu,
a dar amor, como me dabas tu,
a perdonar como perdonas tu,
sin recordar el daño nunca mas, nunca mas.

Enseñame, enseñame,
a consolar, como consuelas tu,
a confiar, como confias tu,
a repartir sonrisas como tu,
sin esperar a cambio nada mas, nada mas.

Tengo mucho que aprender de ti amor,
tengo mucho que aprender de ti mi amor,
tu dulzura y fortaleza tu,
manera de entregarte tu,
teson por conquistarme cada dia.

Tengo mucho que aprender de ti amor
tengo mucho que aprender de ti mi amor
como olvidas los enfados,
como cumples las promesas,
como guias nuestros pasos cada dia.

Enseñame, enseñame,
a no mentir, como no mientes tu,
a no envidiar, como no envidias tu,
ahogar las penas como lo haces tu,
a compartir la dicha como tu, como tu.

Tengo mucho que aprender de ti amor,
tengo mucho que aprender de ti mi amor,
tu dulzura y fortaleza tu,
manera de entregarte tu,
teson por conquistarme cada dia.

Tengo mucho que aprender de ti amor
tengo mucho que aprender de ti mi amor
como olvidas los enfados,
como cumples las promesas,
como guias nuestros pasos cada dia.

Tengo mucho que aprender de ti amor,
tengo mucho que aprender de ti mi amor,
tu dulzura y fortaleza tu,
manera de entregarte tu,
teson por conquistarme cada dia

Tengo mucho que aprender de ti amor,
tengo mucho que aprender de ti mi amor,
tu dulzura y fortaleza tu,
manera de entregarte tu,
teson por conquistarme cada dia.

(extraído del libro "Martes con mi viejo profesor", de Mitch Albom)
 
Enseñanzas que el catedrático Morris Schwartz, con una enfermedad degenerativa en fase casi terminal, transmite a su antiguo alumno/amigo universitario en su última asignatura: "El sentido de la vida":
 
  • Lo mas importante de la vida es aprender a dar amor y a dejarlo entrar. El amor es el único acto racional
  • Me permito un buen llanto si lo necesito. Es toda la autocompasión que me concedo. Después me concentro en todas las cosas buenas que me quedan en la vida.
  • A veces no eres capaz de creerte lo que ves, tienes que creer lo que sientes. Y si quieres que los demás lleguen a confiar en ti, también tú debes sentir que puedes confiar en ellos, aunque estés a oscuras Aunque te estés cayendo.
  • Estamos muy absortos en asuntos egocéntricos, en nuestra carrera profesional, en la familia, en tener dinero… estamos muy ocupados en billones de actos pequeños que sólo sirven para salir adelante De modo que no adquirimos la costumbre de contemplar nuestras vidas desde fuera y decirnos: ¿esto es todo? ¿es esto todo lo que quiero? ¿me falta algo?. Necesitas que alguien te empuje en ese sentido. Todos necesitamos maestros en nuestras vidas.
  • No trabajaré nunca explotando a otra persona y no consentiré nunca ganar dinero a costa del sudor de otros.
  • Todo el mundo sabe que se va a morir pero nadie se lo cree. Si nos lo creyéramos haríamos las cosas de otra manera. Es mejor saber que te vas a morir y estar preparado en cualquier momento. Así, puedes llegar a estar verdaderamente más comprometido en tu vida mientras vives. Haz lo que hacen los budistas. Haz que todos los días se pose en el hombro un pajarito que te pregunta:"¿Es éste el día? ¿Estoy preparado? ¿Estoy haciendo todo lo que tengo que hacer? ¿Estoy siendo la persona que quiero ser?".
  • Cuando aprendes a morir, aprendes a vivir. Te quitas de encima todas esas tonterías y te centras en lo esencial. Cuando te das cuenta de que te vas a morir, lo ves todo de manera muy diferente. Las cosas a las que dedicas tanto tiempo, todo ese trabajo que haces, podrían parecerte menos importantes. Podrías tener que hacer sitio a cosas más espirituales.
  • Si no tienes el apoyo, el amor, el cariño y la dedicación que te ofrece una familia, no tienes gran cosa. Amaos los unos a los otros o pereceréis. La familia no es sólo amor, es también seguridad espiritual, te hace saber que hay alguien velando por ti. Nada en el mundo te dará eso. Ni el dinero, Ni la fama. Ni el trabajo.
  • Si quieres tener la experiencia de ser completamente responsable de otro ser humano y de aprender a mar y a estrechar lazos de la manera más profunda, entonces debes tener hijos.
  • Tienes que aprender a desligarte. El desapego no significa que no dejes que la vivencia penetre en ti. Al contrario, dejas que penetre en ti plenamente. Así es como eres capaz de dejarla.
  • El envejecimiento no es sólo decadencia. Es crecimiento. Es algo más que el factor negativo de que te vas a morir, también es el factor positivo de que entiendes que te vas a morir, y de que vives por ello una vida mejor. Tienes que encontrar lo que hay de bueno, de verdadero y de hermoso en tu vida tal como es ahora. Si miras atrás, te vuelves competitivo. Y la edad no es una cuestión de competitividad.
  • El dinero no sirve de sucedáneo de la ternura, y el poder tampoco. Ni el dinero ni el poder te darán el sentimiento que buscas, por mucho que tengas de las dos cosas.
  • Lo que aporta satisfacción de verdad es ofrecer a los demás lo que puedes dar. No el dinero, sino tu tiempo, tu interés, tu capacidad para contar cuentos… Así es como empiezas a recibir respeto, ofreciendo algo que tienes. Dedícate a amar a los demás, dedícate a la comunidad que te rodea y dedícate a crear algo que te aporte un norte y un sentido. Haz la cosas que te salen del corazón. Cuando las hagas, no estarás insatisfecho, no tendrás envidia, no desearás las cosas de otra persona. Por el contrario, lo que recibirás a cambio te abrumará.
  • Cuando estés con alguien mírale directamente a los ojos y escúchale como si fuese la única persona en el mundo. Estate plenamente presente.
  • El matrimonio te pone a prueba. Descubres quién eres, quién es la otra persona,  de qué manera te adaptas o no te adaptas. Si no respetáis a la otra persona, vais a tener muchos problemas. Si no sabéis transigir, vais a tener muchos problemas. Si no sabéis hablar abiertamente de lo que pasa entre vosotros, váis a tener muchos problemas. Y si no tenéis un catálogo común de valores en la vida, vais a tener muchos problemas. Vuestros valores deber ser semejantes. Y el mayor de esos valores es vuestra fe en la importancia de vuestro matrimonio.
  • El cómo piensas, el qué valoras, debes elegirlo tú mismo. No puedes dejar que nadie, ni que ninguna sociedad lo determine por ti.
  • Antes de morir, perdónate a ti mismo, después perdona a los demás. No tiene sentido guardarse la venganza ni la terquedad, ni el orgullo ni la vanidad. No te puedes quedar atascado en el arrepentimiento por lo que debería haber pasado.
  • Mientras podamos amarnos los unos a los otros y recordar el sentimiento de amor que hemos tenido, podemos morirnos sin marcharnos del todo nunca. Todo el amor que has creado sigue allí. Todos los recuerdos siguen allí. Sigues viviendo en los corazones que has conmovido y que has nutrido mientras estabas aquí. Al morir se pone fin a una vida, no a una relación personal.
  • En los negocios, las personas negocian para ganar, negocian para obtener lo que quieren. El amor es diferente. El amor es cuando te preocupas tanto por la situación de otra persona como por la tuya propia.

 

La felicidad

El camino de la felicidad
 
No hay ninguna felicidad que se pueda obtener del escapar, y mucho menos de huir hacia el pasado.

Nuestra vida es nuestra excluyente responsabilidad.

La capacidad para cambiar la perspectiva es, sin duda, una de las herramientas más efectivas a nuestra disposición.

 

El valor de ser quien uno es.

El héroe de cada uno de nosotros contiene a la persona que cada uno es y que está orgullosa, de ser así.

El desafío no es ser otro. El desafío es ser uno mismo.

Vivir de verdad es ser el que verdaderamente soy. Más allá y más acá de quién seas tú y de lo que esperes de mí.

Sólo se aprende de lo diferente. Con alguien que sólo sepa lo que yo sé y con quien acuerde en cada detalle, podré comunicarme fácilmente, compartir ideas y experiencias, pero poco o nada podré aprender en esa relación.

Pensar que el otro va a cambiar, en verdad, no funciona.

Entonces sería mejor, desde el principio, pensar en estar al lado de otro que me gusta tal como es. Y mientras estemos juntos, alentémoslo para que lo deje salir cada vez más.

 

El valor de la aceptación

Sin pensarlo en cada situación, miramos a nuestro alrededor y nos comparamos con los demás. Por mucho que tengamos, no es la cantidad absoluta lo que nos hará felices, porque parece que siempre tendemos a sentirnos insatisfechos si el vecino tiene un poco más. No te compares: así evitarás que tu felicidad dependa de otros.

El verdadero antídoto del anhelo es la aceptación y no la posesión. Aprender a querer y apreciar lo que ya tenemos.

La felicidad depende simplemente del cultivo de estados mentales "positivos", como el amor, la, solidaridad y la compasión. Alcanzar la verdadera felicidad exige producir una transformación en las perspectivas, en la forma de pensar.

Las expectativas complican nuestra oportunidad de ser felices, tanto cuando se realizan como cuando no lo hacen. Si se cumplen, nos condenan a abandonarlas y crear nuevas y más grandes expectativas hasta toparnos con las que no se cumplan. Si desde el principio no se cumplen, sufrimos el dolor de la desilusión.

Si vives satisfecho, tener más pierde importancia.

Cada vez que nos sentimos desdichados luchamos, muchas veces insensata y caprichosamente, para cambiar la realidad, para hacer que se asemeje más a lo que esperábamos de ella, para forzar los hechos en una determinada dirección… sin pensar que si lo que queremos verdaderamente es ser felices, el trabajo podría ser más interno que externo, más sobre las expectativas que sobre la realidad, más sobre lo pretendido que sobre lo encontrado.

La felicidad consiste en permitir que los sucesos sucedan. Aceptar que las cosas son como son. No hay aceptación, obviamente, cuando sigo enojado con lo que sucede.

Hay mucha distancia entre aceptar y estar de acuerdo.

Aceptar significa darme cuenta de que algo es como es; dejar de pelearme con eso porque es así y, a partir de dejar de pelear, decidir si quiero o no hacer cosas para que cambie

Para alcanzar una práctica cabal de amor y aceptación es indispensable el desarrollo de la paciencia y la tolerancia.

Ver a los demás con ternura nos permite relajarnos, confiar, sentirnos a gusto y ser más felices.

 

Confusiones sobre la felicidad

1) Identificar felicidad con éxito

La salida de la confusión deviene de encontrar otra fuente de valor y dignidad, se trata del vínculo que se establece simplemente por saberse perteneciente a la comunidad humana.

2) Equiparar la felicidad con el placer

La gente suele identificar ser feliz con estar disfrutando de lo que sucede, pero esa felicidad acaba cuando termina el entretenimiento.

3) Creer que con el amor es suficiente

El amor adulto nunca es incondicional. Depende de lo que doy y lo que recibo.

Y hay que nutrirlo y alimentarlo. No importa cuánto haya llegado a amar a mi pareja; este amor depende de cómo se conduzca el otro, de lo que sienta por mí, de su manera de actuar.

4) Escapar del dolor

El dolor es un maestro, está allí para enseñarnos un camino

Si en un momento te toca sufrir, no te asustes no te escapes, no te rindas. Puede ser que la realidad te haga retroceder, pero de todas maneras lo importante, acuérdate, es estar en camino, no llegar a algún lugar.

Los problemas son parte de nuestra vidia.

Si logramos abordarlos con decisión y compromiso, si logramos centrar nuestras energías en encontrar una solución, el problema puede transformarse en un desafío. Si nos quedamos en el pensamiento o en la queja de lo que es justo o injusto, añadimos un ingrediente de malestar y de distracción.

5) Sobrevalorar lo que falta

Todos somos capaces de imaginar una vida más perfecta; lo destructivo en todo caso es que ese imaginario sea utilizado para fabricarnos un argumento que nos condene a vivir pendientes de lo que falta.

Conformarse no significa dejar de estar interesado en lo que sucede ni bajar necesariamente la cabeza. No tiene que ver con la resignación, sino con reconocer el punto de partida de un cambio, con el abandono de la urgencia de que algo sea diferente y la gratitud con la vida por ser capaz de intentar construir lo que sigue.

El agradecimiento con la vida es una de las claves de la felicidad, y todo lo que socave esa gratitud habrá de ponerle trabas a la posibilidad de ser felices.

 

La búsqueda del sentido

La felicidad puede alcanzarse prácticamente bajo cualquier circunstancia, siempre y cuando creamos que nuestra vida tiene sentido y propósito.

En la vida cotidiana, las metas son como puertos adonde llegar, el camino serán los recursos que tendremos para hacerlo y el mapa lo aportará la experiencia.

Si la felicidad dependiera de las metas, dependería del momento de la llegada.

En cambio, si depende de encontrar el rumbo, lo único que importa es estar en camino y que ese camino sea el correcto, que esté orientado en coincidencia con el sentido que le doy a mi vida. Puedo elegir cualquiera de los caminos y lo mismo da, porque mientras el rumbo coincida con el camino, la sensación será la de no estar perdido.

En la vida, el rumbo lo marca el sentido que cada uno decida darle a su existencia.

 

Y la brújula se consigue contestándose una simple pregunta:

¿Qué sentido tiene mi vida?

Y vas a tener que encontrar tu propia respuesta.

 

Cada uno construye su vida eligiendo su camino.

No se trata sólo de tener ganas de vivir, se trata de saber para qué vives.

Porque si tú no le puedes dar un sentido a tu vida, tu vida quizá deje de tener sentido.

 Todos queremos un poco de todo: placer, una misión, poder, trascendencia. Sin embargo, para cada uno de nosotros, en este momento, hay una búsqueda que es más importante que las otras.

Tal vez ni sepas por dónde empezar a buscar el camino, pero lo que importa es no detenerse.

En todo caso, lo importante es que te comprometas con aquello que hoy decidas que es tu camino, con aquello que hoy decidas que le da sentido a tu vida, aunque te equivoques, aunque tengas que estar corrigiéndolo permanentemente. Porque la única persona en el universo que va a estar contigo hasta el último día… eres tú mismo.

 

 

(Resumen del libro "El camino de la Felicidad", de Jorge Bucay)

 

Sin condiciones

Sin condiciones
 
Quiero que me oigas, sin juzgarme.
Quiero que opines, sin aconsejarme.
Quiero que confíes en mí, sin exigirme.
Quiero que me ayudes, sin intentar decidir por mí.
Quiero que me cuides, sin anularme.
Quiero que me mires, sin proyectar tus cosas en mí.
Quiero que me abraces, sin asfixiarme.
Quiero que me animes, sin empujarme.
Quiero que me sostengas, sin hacerte cargo de mí.
Quiero que me protejas, sin mentiras.
Quiero que te acerques, sin invadirme.
Quiero que conozcas las cosas mías que más te disgusten,
que las aceptes y no pretendas cambiarlas.
Quiero que sepas, que hoy,
hoy puedes contar conmigo.
Sin condiciones.
 
Jorge Bucay