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(resumen del libro)

(Revista Namate, mayo 2011)

  1. Ten en cuenta que tanto los grandes amores como los grandes logros implican grandes riesgos
  2. Cuando pierdas, no te pierdas la lección
  3. Sigue las tres Rs:
    • Respeto por ti mismo
    • Respeto por los demás
    • Responsabilidad por todas tus acciones
  4. Recuerda que no conseguir lo que quieres es a veces un gran golpe de suerte
  5. Aprende las normas para saber cómo romperlas debidamente
  6. No dejes que una pequeña disputa rompa una gran amistad
  7. Cuando te des cuenta de que has cometido un error, da los pasos necesarios para corregirlo de forma inmediata
  8. Pasa tiempo a solas cada día
  9. Abre los brazos al cambio, pero no sueltes tus valores
  10. Recuerda que el silencio es a veces la mejor respuesta
  11. Vive una vida buena y honrada. Cuando te hagas mayor y eches la vista atrás, podrás disfrutarla por segunda vez
  12. Un ambiente amoroso en tu hogar es la base para tu vida
  13. En desacuerdos con tus seres queridos, aborda sólo la situación actual. No remuevas el pasado.
  14. Comparte tus conocimientos. Es una forma de alcanzar la inmortalidad
  15. Sé amable con la tierra
  16. Una vez al año, visita algún lugar en el que nunca estuviste
  17. Recuerda que la mejor relación es aquella en la que el amor por el otro supera a la necesidad del otro.
  18. Mide tu éxito en base a lo que tuviste que renunciar para conseguirlo

Aceptarse

(extraído del libro “AMARSE CON LOS OJOS ABIERTOS”, de Jorge Bucay y Silvia Salinas)

Muchas angustias y depresiones se generan debido a que tenemos una idea prefijada de a dónde queremos ir, y cuando el plan no se cumple nos frustramos. “Cuando no actúas de acuerdo con mis expectativas, no te quiero”. Y no es así. La vida es más vivible si adoptamos la actitud del surfista: son las olas las que marcan el camino, no mi idea de adonde tengo que llegar. Es mejor descubrir el camino según las piedras que nos vayamos encontrando.

No hay un modelo de vida: lo que a mí me encanta a ti no te gusta, y todo está bien.

La mayoría de gente se pelea porque quiere convencer al otro de que su postura es la correcta. Partamos de la base de que no hay una postura correcta.

Creo que la gente necesita ser convalidada por el otro para afirmarse en lo que piensa o lo que siente. No hay una manera de vivir. Cada uno monta su circo como puede.

(…)

Si para estar con otro tengo que renunciar a ser yo mismo, la cosa no va a funcionar. Esta es una premisa esencial para las parejas.

(…)

Hay que ayudar a la gente a salirse del mito que supone que si nos queremos tenemos que coincidir en todo. No es así, amarse no significa pensar igual ni quererte más que a mí mismo. La cuestión es que me respetes como soy.

La cuestión es “amarse con los ojos abiertos” como el titulo de nuestro libro.

Cuando podemos lograr esto en una pareja, no es tan difícil ponernos de acuerdo, porque ya hay un acuerdo esencial: yo te acepto como eres y tú me aceptas como soy.

Deberíamos insistir acerca de lo maravilloso que es sentirse aceptado como uno es, porque la aceptación nos da sensación de libertad; es como un motor que nos permite soltarnos. Es importante trabajar para aceptar a nuestro compañero como es, viéndolo en su totalidad descubriendo su sistema de funcionamiento y respetando su manera de ser.

Las personas somos un paquete completo y amar es poder aceptar al otro como un solo paquete, quererlo como es, sin intentar cambiarlo. En fin, todo un desafío, que empieza por uno mismo.

Aceptarte empieza por aceptarme.

Aceptarse, debemos repetir hasta el cansancio, no quiere decir resignarse o creer que no hay mejoras.

Todo lo contrario: estamos convencidos de que es ese movimiento de aceptación y no pelea (y ninguna otra cosa) lo que puede generar el cambio verdadero.

Todo cambia naturalmente. Si me doy cuenta de eso me entrego sin miedo, porque sé que no me voy a quedar estancado allí, que la vida es un fluir permanente.

Aceptarnos no quiere decir renunciar a mejorar, quiere decir vernos como somos, no enojarnos con lo que nos pasa, tener una actitud amorosa y establecer un vínculo reparador con nosotros mismos, que es lo que nos ayuda a crecer.

Si seguimos en el trabajo de autotortura, exigiéndonos ser lo que no somos, seguramente terminaremos colgando en alguien la causa de nuestro descontento. En un principio este lugar lo ocupan los padres; pero luego, en la medida en que crecemos desplazamos esta acusación a nuestra pareja: “El (o ella) es el (la) culpable de que no me desarrolle profesionalmente, de que no me divierta, de que no gane dinero, de que no sea feliz.”

El trabajo empieza por uno.

Aceptarnos es habitar confortable y relajadamente en nosotros mismos.

El arte de amar

 

LA FUERZA DE AMAR

Cambié para mejor a fuerza de amar
Llené mi corazón de lunas y estrellas
Y aprendí a mover las montañas
v Casi-casi sin querer, tiré las barreras
Para mi ya no quedan fronteras
Es difícil de creer…
Pero fácil de vivir
Si tú te enamoras

Yo soy lo que yo soy a fuerza de amar
Y puedo detener la Luna en un beso
Y cambiar el sentido del viento
Casi-casi sin querer, soy dueño del tiempo
El secreto es que te quiero de veras
Y la fuerza del amor
Me hace un Hombre Superior
Mejor del que era


A fuerza de amar…

La vida empieza a cambiar
La gente no puede entender
Que sea tan fácil volar…

El amor es un Arte
A fuerza de amarte


La leyenda de la mujer y el león

Una leyenda etíope cuenta la historia de un hombre y
de una mujer, ambos viudos que habiendo caminado ya la mitad de un
siglo, ambos supieron atesorar los momentos más hermosos de su vida y con
el corazón lleno de buenas intenciones, la vida les abrió la puerta del
encuentro, se enamoraron y se casaron. La alegría de la mujer fue
grande cuando se fue a vivir a la casa de su nuevo marido,  al ver
que su compañero de ruta y estaciones, tenía un hijo.

Pero el niño todavía lloraba
la muerte de su madre y se mostraba hostil con su madrastra, rechazando
sus afectos. Rehusaba su cocina, rasgaba su costura y se apartaba de su
bondad y sus atenciones.

La
excluía completamente y ni siquiera le hablaba. Transcurrido un tiempo,
la mujer, llena de decepción y tristeza, fue a buscar la ayuda de un
hechicero que vivía en una colina cercana.


¡Por favor!, prepárame una poción de amor para que
mi hijastro me quiera-le suplico la mujer desesperada.
– Puedo
preparártela – le contestó el hechicero, pero los ingredientes son muy
difíciles de obtener. Debes traerme tres pelos del bigote de un león
vivo.
La mujer imploró diciendo que era imposible, que sería
devorada, pero el hechicero insistió en que era la única forma.


Se fue afligida,
pero decidida a no abandonar. Con el nuevo día, cogió un cuenco con
mucha comida y se dirigió a un lugar donde vivía un gran león. Y esperó.
Pasado un tiempo, lo vio venir. Al oír su rugido, dejo caer el cuenco y
huyó.

A la jornada siguiente, fue otra vez a la morada del león
con más comida, esperó a que apareciera y dejó el cuenco antes de irse.
Cada día le dejaba más cerca la comida y esperaba un poco más antes de
irse.

En una ocasión decidió esperar a
que el león comiera la carne para mirarle desde la distancia. Otro día
se puso lo bastante cerca como para poder oír su respiración y, al cabo
de un tiempo, se acercó tanto que podía olerlo. Cada vez le decía
palabras suaves. Después de mucho, mucho tiempo, ya podía quedarse cerca
de él mientras comía.

Y llego el
momento en que el león se mostraba tranquilo en su presencia, se
estiraba y dejaba que le acariciase su pelaje, ronroneando feliz. La
joven mujer decidida que entonces podía cumplir con su propósito.
Mientras acariciaba la espalda y la cabeza de la bestia, hablándole
suavemente, tomó tres pelos de su bigote sin que lo notara.

– Gracias, querido amigo – le dijo, y se fue derecha a
la cabaña del hechicero, quien se mostró encantado de que le hubiera
traído, al fin, los ingredientes mágicos.



– Aquí tienes, te he traído los pelos de un león vivo –
anunció, y los entregó al hechicero, que estaba sentado fuera de su
cabaña frente al fuego

– En efecto, los tienes – dijo el hechicero, sonriendo,
mientras examinaba los tres pelos. E inmediatamente, y antes la mirada
atónita de la mujer, los tiró al fuego.

– ¿Pero qué has hecho? – le
grito ella -. Eran para la poción de amor que quería que hicieras.
¿Puedes imaginarte que difícil ha sido para mí obtenerlos? Me ha llevado
meses ganarme la confianza del fiero león.
– ¿De verdad crees que el
amor y la confianza de un niño pueden ser mas difíciles de obtener que
los pelos de una bestia salvaje?
– le preguntó a la mujer – Vete a
casa y piensa en lo que has logrado.

La joven mujer comprendió.
Reconoció su hazaña, su espera paciente a lo largo de los meses y sus
intentos graduales de acercarse al león.
Ella misma había cambiado
durante el intento.
Ahora la aproximación a su hijastro seria
diferente. Esperó, segura y confiada, se acercó a él, poco a poco,
respetando su ritmo y su territorio, sin invadirle, y sin, por eso,
dejarlo por imposible. Tras un tiempo, el niño la aceptó como su madre y
la dejó entrar en su corazón.

(Cuento tradicional de Etiopia contado
por Piero Ferrucci y Vivien Reid
)


…pero sin olvidar a quién hay que dar prioridad