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El arte de amar

 

LA FUERZA DE AMAR

Cambié para mejor a fuerza de amar
Llené mi corazón de lunas y estrellas
Y aprendí a mover las montañas
v Casi-casi sin querer, tiré las barreras
Para mi ya no quedan fronteras
Es difícil de creer…
Pero fácil de vivir
Si tú te enamoras

Yo soy lo que yo soy a fuerza de amar
Y puedo detener la Luna en un beso
Y cambiar el sentido del viento
Casi-casi sin querer, soy dueño del tiempo
El secreto es que te quiero de veras
Y la fuerza del amor
Me hace un Hombre Superior
Mejor del que era


A fuerza de amar…

La vida empieza a cambiar
La gente no puede entender
Que sea tan fácil volar…

El amor es un Arte
A fuerza de amarte

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Porque no supiste entender a mi corazón
lo que había en el,
porque no tuviste el valor
de ver quién soy.

Porque no escuchas lo que
está tan cerca de ti,
sólo el ruido de afuera
y yo, que estoy a un lado
desaparezco para ti

No voy a llorar y decir,
que no merezco esto porque,
es probable que lo merezco
pero no lo quiero, por eso…

Me voy, que lástima pero adiós
me despido de ti y
me voy, que lástima pero adiós
me despido de ti.

Porque sé, que me espera algo mejor
alguien que sepa darme amor,
de ese que endulza la sal
y hace que, salga el sol.

Yo que pensé, nunca me iría de ti,
que es amor del bueno, de toda la vida
pero hoy entendí, que no hay
suficiente para los dos.

No voy a llorar y decir,
que no merezco esto porque,
es probable que lo merezco
pero no lo quiero, por eso…

Me voy, que lástima pero adiós
me despido de ti y
me voy, que lástima pero adiós
me despido de ti.

Me voy, que lástima pero adiós
me despido de ti y
me voy, que lástima pero adiós
me despido de ti y me voy.

Me voy, que lástima pero adiós
me despido de ti y
me voy, que lástima pero adiós
me despido de ti y me voy.

Seguir sin ti

(Extraído del libro
SEGUIR SIN TI, de Jorge Bucay y Silvia Salinas)

“Ese no era el mundo con el que soñé… Es difícil poner fin a una pareja. Es difícil despedirse. Generalmente preferimos, conscientes o no, quedar ligados, aunque sepamos que ese sentimiento nos enferma simbólica y efectivamente. Pero decidí correr el riesgo de disfrutar o padecer aunque fuera en soledad, la vida que yo eligiera para mí.

Me sentía entremezclada de mis emociones a veces contradictorias. Dolorida, aliviada, asustada, liberada, confusa, sorprendida, rara y diferente, pero también libre. De ahí la serenidad que sobrepasaba a la tristeza y a veces la opacaba.

Habían sido muchos meses de duda, de evaluación acerca de seguir o terminar. Demasiadas horas de llanto y angustia, de idas y venidas, de esperanzas y decepciones, de recuerdos de tiempos ya idos y de derrumbe de proyectos imposibles. Semanas de hablar y hablar para volver siempre a ningún lugar. Es duro admitir que a veces el esfuerzo y la buena voluntad no alcanzan para recomponer el amor.  Con una mezcla de tristeza y alivio pensaba que ahora disponía de mi tiempo, de mis espacios… y hacía una lista de las ventajas de mi nueva situación, de las actividades que iba a realizar… E intentaba recordarlo cuando alguno de los demonios del arrepentimiento estaban al acecho, cuando sentía miedo por pensar que quizás podría haberme equivocado o por si caía en el autocompadecimiento por lo que me había sucedido.

Tenía que internarme en un río de aguas desconocidas, que no sabía a qué orilla me acercaría.

Pero lo primero era recuperarme a mí… Dar por finalizada una relación de pareja y separarse físicamente es sólo la cara visible de una separación. Hacer que nuestra alma se despida de lo que fue y de lo que no fue pero podría haber sido, implica mucho más. Si no consigues “soltar” a la persona de la que te separas, difícilmente encontrará tu corazón las condiciones para abrirse al verdadero amor. Al darnos cuenta de que algo se ha roto caemos en el error de creer que la separación podrá por si misma darnos lo que necesitamos. Pero una separación no es un acto reparador y mágico, sino un camino a veces doloroso que es preciso recorrer antes, durante y después del final de un vínculo, tanto más si la relación ha sido importante para nuestro corazón y trascendente en nuestra vida. Es cierto que a veces la persona que se separa comienza por experimentar, al principio, una fascinante sensación de libertad y la apertura a un mundo de infinitas posibilidades antes vetadas. Pero luego, más tarde o más temprano, algo sucede, y la historia de lo vivido y compartido vuelve a pesar otra vez…

Me gustara o no, lo sucedido estaba dentro de mí y tenía que aceptarlo. No se trataba de borrarlo, porque el vacío que dejaría el eslabón faltante, el hueco, el agujero, sería siempre un obstáculo para conseguir la paz interior que define la verdadera felicidad. Tenía que aceptar nuestra historia, sin pelearme con ella. Asumir lo sucedido, simplemente porque así había ocurrido. Cualquier otro camino me llevaría hacia una batalla perdida, la de luchar contra el pasado, gastando energía en el inútil trabajo de querer cambiarlo.

Lo más importante en el proceso de un duelo es aprender a enfrentarse con la ausencia de aquello que no está, es tolerar la impotencia frente a lo que se quebró, es hacerse fuerte para soportar la conciencia de todo lo que no pudo ser; esta es la esencia del dolor que subyace a una pérdida, y más allá de cualquier comprensible y necesaria catarsis, no se puede aliviar reclamando justicia, ni se puede sanar consiguiendo condena.

Para pasar al siguiente momento de mi vida, en el que todo fuera más nutritivo, debía ponerme en contacto profundo con mi tristeza, aunque me lastimara hacerlo. Al corazón poco le importa de quién fue la culpa, sólo siente el dolor de lo perdido. No podía seguir escapando, ni por la vía del enfado ni llenándome de cosas para no pensar. Si continuaba estacionada en el reproche me seguiría dañando. El resentimiento aleja del amor, impidiéndote disfrutar de las cosas que más deseas y te gustan. Así que debía trascender el rencor.

Para ello un buen ejercicio es ponerse en la piel del otro, comprender que él también había tenido sueños, ilusiones, esperanzas y decepciones, percibir sus frustraciones más profundas y su tristeza. Otro ejercicio es hacer un “balance de reclamos y regalos”, una lista de las cosas que me irritaban de él, y otra con todos aquellos momentos que le podía agradecer, cuando sentí bienestar, protección, complicidad, ternura, crecimiento o cualquier otra sensación positiva. Eso permite poner en blanco y negro la idea de que no todo con la otra persona ha sido malo y de que lo vivido juntos de ninguna manera ha sido inútil.

Surge dolor, sensación de impotencia, autorreproche, llanto, cuestionamientos… La aceptación, la comprensión y el perdón que se necesitan, más que una gracia hacia el otro, son un gesto de consideración y amor hacia uno mismo. Aceptar no es resignarse, comprender no es estar de acuerdo y perdonar no es olvidar.

Estar en pareja implica no sólo la capacidad de albergar la dulzura del amor, sino también la capacidad de enfrentar juntos las tormentas que desata la personalidad de cada uno. La magia del amor consiste en que quien te ama sabe qué podría hacer para dañarte gravemente, pero nunca lo hace. “Contigo puedo ser yo mismo” es la frase que todos queremos pronunciar y la que más nos deleita oír. Pero cuando aparecen los reproches, la magia se escapa por la grieta de no querer amparar al otro cuando aparece siendo quien es. La manera de cerrar la grieta no es que el otro deje de ser quien es, sino reconocer que cuando algo me molesta mucho en el otro, esto se relaciona con algún aspecto mío con el que tengo dificultad. La pelea externa es una muestra de una pelea interna. A lo largo de la vida de una pareja, a cada uno le tocará alternativamente ayudar y ser ayudado. Ayudar no es imponer el propio criterio, sino atender a lo que el otro necesita. La competencia por tener la razón aleja del contacto íntimo y de la posibilidad de ver juntos los dolores de cada uno.

El otro es quién es, y así debe ser. Uno no tiene derecho a querer cambiar al otro, pero sí puede preguntarse ¿me compensa? Y la respuesta puede ser NO.

Cada ex pareja tendrá que encontrar su propia manera de relacionarse después de la separación. Espero que con el tiempo ambos aceptemos la relación que podamos tener, sabiendo que hay temas que no podremos hablar porque nunca los hemos resuelto, pero sí podremos tratar las áreas que podamos compartir sin problemas. El camino no es estar de acuerdo con lo que el otro hace después de separado, pero se puede intentar entender sus razones, aunque sean muy distintas de las propias. Aceptar que el otro tiene sus razones para hacer lo que hace aunque yo no lo comparta. Por algo nos separamos… Cuando ambos seamos capaces de perdonarnos el uno al otro, y a nosotros mismos, podremos estar preparados para sentir la presencia y el merecimiento del amor.”

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(las siguientes ideas están extraídas mayoritariamente del libro ¿Seguimos juntos o nos separamos? del Dr Paulino Castells)

Antecedentes

Durante el enamoramiento todo lo que hace o dice el otro nos parece bien, tendemos a idealizar a la otra persona proyectando en ella las virtudes que deseamos que tenga. Si inicialmente habíamos creamos expectativas no realistas que en la práctica cotidiana no podían cumplirse, sentiremos después decepción frente a nuestra pareja. Esa desilusión puede provenir también de promesas incumplidas.

“La mujer se casa creyendo que el hombre cambiará. El hombre se casa creyendo que la mujer no cambiará. Ambos se equivocan.”

Cuando surgen diferencias en la relación de pareja, cambiamos de actitud mental y nos parece que el otro no hace nada bien, nos ponemos a la defensiva y sólo vemos las cualidades negativas del otro, tendiendo a ser excesivamente críticos. Cada uno puede considerar que es el único que se sacrifica y hace concesiones, y se siente insatisfecho al considerar que su pareja no se da cuenta de todo lo que está haciendo para que la relación funcione. También puede suceder que uno crea que el otro debería conocer lo que desea “sin que se lo pida”.

Sólo si las dos partes son capaces de manifestar sus decepciones y están dispuestas a compartir la responsabilidad de modificar el estado de las cosas, es posible que la relación mejore. Hay que mantener una perspectiva abierta y positiva para ver el mundo con los ojos de la otra persona y saber ponerse en el lugar del otro.

Los conflictos deberían servir para fortalecer y madurar la estructura de pareja superando las eventualidades que surjan, pero para ello hay que tener conciencia de tales crisis y buscar el mantenimiento de la cohesión entre ambos.

Cuando la pareja entra en la espiral de los enfrentamientos abiertos es prácticamente imposible mantener un diálogo. El enfado ciega toda posibilidad de cambio. Se entra en la dinámica de golpe por golpe, así no cede ninguno y la escalada de agresiones es continua. Lo que inicialmente se inicia posiblemente por un nimio detalle crece de forma desmesurada, alimentado por antiguos rencores y reproches que afloran sin contención. La pareja debería tener presente que en una relación la represalia es contraproducente, ya que con frecuencia supera a la ofensa inicial. La violencia genera violencia. Y lo peor de esos combates es el agrio recuerdo que deja lo que se llega a decir (insultos, calumnias) o a hacer (desprecios, humillaciones, golpes) difícil de olvidar y que sólo el tiempo y la buena voluntad por ambas partes puede limpiar.

¿Seguimos juntos?

Hay que recordar que el día a día lo hacen agradable las cosas pequeñas, los pequeños detalles, pequeñas frases, gestos, ofrendas que indican muestras de afecto.

Cuando una pareja desea sinceramente mejorar o rehacer la vida conjunta debe haber una auténtica aceptación de la personalidad del otro, buscando los puntos de acoplamiento y complementariedad, resaltando los aspectos positivos y aprovechándolos para que la vida en pareja marche bien. Ambos tienen que reconocer que algunos rasgos de la personalidad del compañero no son “malos” sino que nos molestan simplemente porque no concuerdan con los propios. Si las perspectivas difieren, es importante admitir que puede que ninguno de los dos tenga razón o esté equivocado.

El respeto y la comunicación son esenciales.

Hay que explicar las discrepancias, los malentendidos, los odios… con palabras y no guardarlos para uno mismo en forma de angustia inexplicable, que solo se manifiesta en cambios en los estados de ánimo, depresiones o arrebatos de cólera.

Si se están convirtiendo en “extraños” hay que restablecer las vías de comunicación, empezar con pequeños encuentros de la pareja fuera de casa, buscando situaciones que permitan un mínimo de diálogo y más adelante acordar un día a la semana (sin hijos) para salir juntos y salir al cine, a un espectáculo, a tomar algo… La buena comunicación implica algo más que expresar las ideas de uno, también significa captar lo que dice la otra persona.

Para seguir adelante hay que poner muchas ganas y procurar una mejor comprensión mutua. Los cambios en uno de los miembros de la relación pueden producir cambios notables en el otro.

Los conflictos son inevitables, intentar evitarlos o silenciarlos es mala solución, lo que hay que trabajar es la forma de resolverlos.

Si la pareja determina seguir juntos tendrán que remodelar o sentar nuevas bases en la convivencia, evitar incurrir en errores del pasado y revitalizar la relación amorosa teniendo en mente la idea altruista de querer hacer feliz al otro.

Personalmente pienso que para poder seguir juntos cada uno ha de poder confiar en que el otro no le hará daño intencionadamente, que estará a su lado incondicionalmente en los momentos difíciles, que admitirá las críticas con ánimo constructivo en vez de contraatacar empeorando la situación y que se preocuparán por el mutuo bienestar, en síntesis… que podrás pensar en el otro como tu verdadero amigo aliado en vez de verlo como un enemigo a vencer. La siguiente canción refleja bien esa actitud:

DAME TU MANO (Luis Fonsi)

Dame tu mano
carguemos juntos lo pesado
Estoy de tu lado
Soy un apoyo, soy tu aliado.

Quiero cuidarte
Abrirte el cielo entre mis brazos
Y levantarte
Cuando te hayas derrumbado.

Dame tu mano
Si te sientes afligida
Dame tu mano
Si no encuentras la salida.
Dame tu mano
Ven, apóyate en mi hombro
Dame tu mano
Dibujemos juntos la felicidad.

Dame tu mano
Deja el dolor en el pasado
Estoy de tu lado
Ven y comparte lo guardado.

Quiero cuidarte
Abrirte el cielo entre tus brazos
Y levantarte
Cuando te hayas derrumbado.

Una luz encenderá la oscuridad
La confianza que has perdido, volverá.
Dame tu mano
Si no encuentras la salida
Dame tu mano
Ven, apóyate en mi hombro.

Dame tu mano
Dibujemos juntos la felicidad.

Dame tu mano.

¿Nos separamos?

La separación se produce generalmente cuando los cónyuges dejan de sentir la necesidad y el deseo de estar juntos, o cuando uno de ellos o ambos tiene la fuerte convicción de que las cosas no pueden mejorar.

En algunos casos si aún queda algún resquicio de que no todo está perdido se puede plantear una separación temporal, dándose un plazo concreto, estableciendo unas reglas y volviendo a empezar como novios, sin vivir bajo el mismo techo.

Cuando la separación se lleva adelante hay que intentar hacerlo con el mayor tacto posible para no herir la autoestima de la otra persona y ser cauteloso al hablar del otro a los demás.

Personalmente pienso que es importantísimo evitar el rencor y quedarse con los buenos recuerdos…

SIN RENCOR (Marcos Llunas)

Hoy es un día triste mi amor
nos dimos cuenta que llegamos al fin
fin de un camino, fin de un amor
y nos dimos cuenta los dos.

Fue maravilloso pasar
esos días felices que poder recordar
se apaga la llama, se apaga el amor
pero el corazón siempre sentirá
Que eres algo especial, que no habrá nadie igual
por eso te pido
que no haya rencor si nos vemos de nuevo amor
fueron tantos los días felices
fue tanto el amor que me diste
júramelo, sin rencor

Te deseo todo lo mejor
que lo aprendimos nos sirva a los dos
adiós mi vida, ya sabes que
yo por ti sentiré

Que eres algo especial,
que no habrá nadie igual
por eso te pido
que no haya rencor
si nos vemos de nuevo amor
fueron tantos los días felices
fue tanto el amor que me diste
sólo júrame por favor

Que no habrá rencor
si nos vemos de nuevo amor
Siempre habrá algo especial entre tú y yo
que entre los dos todo seguirá
sin rencor, sin rencor

Si buscas un amigo,
a tu lado me tendrás
(Que no habrá rencor si nos vemos de nuevo amor)
(Fueron tantos los días felices)
Entre tú y yo
(Fue tanto el amor que me diste)
(sólo júrame por favor)
Que no habrá rencor
(si nos vemos de nuevo amor)
siempre habrá algo especial
entre tú y yo
(que entre los dos todo seguirá)
sin……. sin rencor.

Los tamaños varían conforme el grado de compromiso…

Una
persona es enorme para uno, cuando habla de lo que leyó y vivió, cuando
trata con cariño y respeto, cuando mira a los ojos y sonríe inocente.

Es
pequeña cuando solo piensa en si misma, cuando se comporta de una
manera poco gentil, cuando fracasa justamente en el momento en que
tendría que demostrar lo que hay de más importante entre dos personas:
la amistad, el cariño, el respeto, el celo y asimismo el amor.

Una
persona es gigante cuando se interesa por tu vida, cuando busca
alternativas para tu crecimiento, cuando sueña junto contigo.

Una
persona es grande cuando perdona, cuando comprende, cuando se coloca en
el lugar del otro, cuando obra, no de acuerdo con lo que esperan de
ella, pero de acuerdo con lo que espera de sí misma.

Una persona es pequeña cuando se deja regir por comportamientos clichés. Una misma persona puede aparentar grandeza o pequeñez
dentro de una relación, puede crecer o disminuir en un espacio de pocas semanas.

Una decepción puede disminuir el tamaño de un amor que parecía ser grande. Una ausencia puede aumentar el tamaño de un amor que parecía ser ínfimo.

Es
difícil convivir con esta elasticidad: las personas se agigantan y se
encogen a nuestros ojos. Nuestro juzgamiento es hecho, no a través de
centímetros y metros, sino de acciones y reacciones, de expectativas y
frustraciones.

Una persona es única al extender la mano, y al
recogerla inesperadamente, se torna otra. El egoísmo unifica a los
insignificantes. No es la altura, ni el peso, ni los músculos que
tornan a una persona grande… es su sensibilidad, sin tamaño.

William Shakespeare

… Y me viene a la memoria una frase de un amigo mío: "Eres grande chiquita!!!".
… Y recuerdo otra frase que me dijo un profesor del instituto sonriendo al quejarme de que por ser pequeñita no llegaba a algunos sitios: "Adelaida, llegas donde has de llegar… al corazón".

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