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ABRIENDO CAMINOS (Diego Torres y Juan Luis Guerra)
Voy abriendo caminos para dejarte
Las cosas buenas que aprendo mientras camino mis calles

Me llevare
Las buenas luces que tiene la gente
Que me iluminan la vida y me regalan mi suerte

[Como un rio que camina hacia el mar]

Quiero ver la risa del sol por las mañanas
Que venga siempre a golpearnos la ventana
Yo quiero un sol, yo quiero un sol que me acompañe
Hablando siempre de frente, tirando todo lo malo

Voy abriendo caminos para encontrarte
En este mundo perdido tambien hay buenos amigos

Y me llevare
Las buenas luces que tiene la gente
Y cuando me sienta solo me cuidaran para siempre

[Como un rio que camina hacia el mar]

Quiero ver la risa del sol por las mañanas
Que venga siempre a golpearnos la ventana
Yo quiero un sol, yo quiero un sol que siempre me acompañe
Hablando siempre de frente, tirando todo lo malo

[Como un rio que camina hacia el mar]

Saca el dolor afuera, y no te quedes a esperar

[Como un rio que camina hacia el mar]

Ríe, llora
Que aun queda mucho por andar.

Y anunque en el mundo hay personas tan grises
Hay otras que no paran de brillar.

En esta vida que se me termina
No quiero ya dejarte de cantar

[Como un rio que camina hacia el mar]

Saca el dolor afuera
Y no te quedes a esperar

[Como un rio que camina hacia el mar]

Ríe, llora
Que aun queda mucho por andar

[Como un rio que camina hacia el mar]

Ojala que llueva cafe en el campo

[Como un rio que camina hacia el mar]

Saber que se puede, querer que se pueda, sacarlo todo pa’ fuera.

[Como un rio que camina hacia el mar]

Cuando tu cantas conmigo Juan Luis, ay me sube la bilirrubina a mi

[Como un rio que camina hacia el mar]

Pero deja Diego que tus sueños sean olas que vienen y van

[Como un rio que camina hacia el mar]

Quisiera ser un pez y no perderme en este mar

[Como un rio que camina hacia el mar]

Y a pesar de los errores tratare de estar mejor

[Como un rio que camina hacia el mar]-

La felicidad

El camino de la felicidad
 
No hay ninguna felicidad que se pueda obtener del escapar, y mucho menos de huir hacia el pasado.

Nuestra vida es nuestra excluyente responsabilidad.

La capacidad para cambiar la perspectiva es, sin duda, una de las herramientas más efectivas a nuestra disposición.

 

El valor de ser quien uno es.

El héroe de cada uno de nosotros contiene a la persona que cada uno es y que está orgullosa, de ser así.

El desafío no es ser otro. El desafío es ser uno mismo.

Vivir de verdad es ser el que verdaderamente soy. Más allá y más acá de quién seas tú y de lo que esperes de mí.

Sólo se aprende de lo diferente. Con alguien que sólo sepa lo que yo sé y con quien acuerde en cada detalle, podré comunicarme fácilmente, compartir ideas y experiencias, pero poco o nada podré aprender en esa relación.

Pensar que el otro va a cambiar, en verdad, no funciona.

Entonces sería mejor, desde el principio, pensar en estar al lado de otro que me gusta tal como es. Y mientras estemos juntos, alentémoslo para que lo deje salir cada vez más.

 

El valor de la aceptación

Sin pensarlo en cada situación, miramos a nuestro alrededor y nos comparamos con los demás. Por mucho que tengamos, no es la cantidad absoluta lo que nos hará felices, porque parece que siempre tendemos a sentirnos insatisfechos si el vecino tiene un poco más. No te compares: así evitarás que tu felicidad dependa de otros.

El verdadero antídoto del anhelo es la aceptación y no la posesión. Aprender a querer y apreciar lo que ya tenemos.

La felicidad depende simplemente del cultivo de estados mentales "positivos", como el amor, la, solidaridad y la compasión. Alcanzar la verdadera felicidad exige producir una transformación en las perspectivas, en la forma de pensar.

Las expectativas complican nuestra oportunidad de ser felices, tanto cuando se realizan como cuando no lo hacen. Si se cumplen, nos condenan a abandonarlas y crear nuevas y más grandes expectativas hasta toparnos con las que no se cumplan. Si desde el principio no se cumplen, sufrimos el dolor de la desilusión.

Si vives satisfecho, tener más pierde importancia.

Cada vez que nos sentimos desdichados luchamos, muchas veces insensata y caprichosamente, para cambiar la realidad, para hacer que se asemeje más a lo que esperábamos de ella, para forzar los hechos en una determinada dirección… sin pensar que si lo que queremos verdaderamente es ser felices, el trabajo podría ser más interno que externo, más sobre las expectativas que sobre la realidad, más sobre lo pretendido que sobre lo encontrado.

La felicidad consiste en permitir que los sucesos sucedan. Aceptar que las cosas son como son. No hay aceptación, obviamente, cuando sigo enojado con lo que sucede.

Hay mucha distancia entre aceptar y estar de acuerdo.

Aceptar significa darme cuenta de que algo es como es; dejar de pelearme con eso porque es así y, a partir de dejar de pelear, decidir si quiero o no hacer cosas para que cambie

Para alcanzar una práctica cabal de amor y aceptación es indispensable el desarrollo de la paciencia y la tolerancia.

Ver a los demás con ternura nos permite relajarnos, confiar, sentirnos a gusto y ser más felices.

 

Confusiones sobre la felicidad

1) Identificar felicidad con éxito

La salida de la confusión deviene de encontrar otra fuente de valor y dignidad, se trata del vínculo que se establece simplemente por saberse perteneciente a la comunidad humana.

2) Equiparar la felicidad con el placer

La gente suele identificar ser feliz con estar disfrutando de lo que sucede, pero esa felicidad acaba cuando termina el entretenimiento.

3) Creer que con el amor es suficiente

El amor adulto nunca es incondicional. Depende de lo que doy y lo que recibo.

Y hay que nutrirlo y alimentarlo. No importa cuánto haya llegado a amar a mi pareja; este amor depende de cómo se conduzca el otro, de lo que sienta por mí, de su manera de actuar.

4) Escapar del dolor

El dolor es un maestro, está allí para enseñarnos un camino

Si en un momento te toca sufrir, no te asustes no te escapes, no te rindas. Puede ser que la realidad te haga retroceder, pero de todas maneras lo importante, acuérdate, es estar en camino, no llegar a algún lugar.

Los problemas son parte de nuestra vidia.

Si logramos abordarlos con decisión y compromiso, si logramos centrar nuestras energías en encontrar una solución, el problema puede transformarse en un desafío. Si nos quedamos en el pensamiento o en la queja de lo que es justo o injusto, añadimos un ingrediente de malestar y de distracción.

5) Sobrevalorar lo que falta

Todos somos capaces de imaginar una vida más perfecta; lo destructivo en todo caso es que ese imaginario sea utilizado para fabricarnos un argumento que nos condene a vivir pendientes de lo que falta.

Conformarse no significa dejar de estar interesado en lo que sucede ni bajar necesariamente la cabeza. No tiene que ver con la resignación, sino con reconocer el punto de partida de un cambio, con el abandono de la urgencia de que algo sea diferente y la gratitud con la vida por ser capaz de intentar construir lo que sigue.

El agradecimiento con la vida es una de las claves de la felicidad, y todo lo que socave esa gratitud habrá de ponerle trabas a la posibilidad de ser felices.

 

La búsqueda del sentido

La felicidad puede alcanzarse prácticamente bajo cualquier circunstancia, siempre y cuando creamos que nuestra vida tiene sentido y propósito.

En la vida cotidiana, las metas son como puertos adonde llegar, el camino serán los recursos que tendremos para hacerlo y el mapa lo aportará la experiencia.

Si la felicidad dependiera de las metas, dependería del momento de la llegada.

En cambio, si depende de encontrar el rumbo, lo único que importa es estar en camino y que ese camino sea el correcto, que esté orientado en coincidencia con el sentido que le doy a mi vida. Puedo elegir cualquiera de los caminos y lo mismo da, porque mientras el rumbo coincida con el camino, la sensación será la de no estar perdido.

En la vida, el rumbo lo marca el sentido que cada uno decida darle a su existencia.

 

Y la brújula se consigue contestándose una simple pregunta:

¿Qué sentido tiene mi vida?

Y vas a tener que encontrar tu propia respuesta.

 

Cada uno construye su vida eligiendo su camino.

No se trata sólo de tener ganas de vivir, se trata de saber para qué vives.

Porque si tú no le puedes dar un sentido a tu vida, tu vida quizá deje de tener sentido.

 Todos queremos un poco de todo: placer, una misión, poder, trascendencia. Sin embargo, para cada uno de nosotros, en este momento, hay una búsqueda que es más importante que las otras.

Tal vez ni sepas por dónde empezar a buscar el camino, pero lo que importa es no detenerse.

En todo caso, lo importante es que te comprometas con aquello que hoy decidas que es tu camino, con aquello que hoy decidas que le da sentido a tu vida, aunque te equivoques, aunque tengas que estar corrigiéndolo permanentemente. Porque la única persona en el universo que va a estar contigo hasta el último día… eres tú mismo.

 

 

(Resumen del libro "El camino de la Felicidad", de Jorge Bucay)

 

Cuando una puerta se cierra, otra se abre

Si hay una oportunidad entre un millón de que puedas hacer algo, cualquier cosa, para mantener lo que no quieres que termine, vale la pena probar. Empuja la puerta para escrutar dentro, y si es necesario, pon el pie para mantenerla abierta. Donde hay voluntad hay un camino. La persistencia tiene su recompensa. Pero si una puerta se cierra para bien, no te opongas. Acepta la perspectiva del cambio. Cegarse es ridículo. Hay que estar abierto a las posibilidades de una nueva relación. No te obsesiones en aquello que pudiste hacer de manera diferente. Considera las aportaciones que puedes hacer a una buena relación. Aunque la puerta se haya cerrado por tu causa, no sigas culpándote por ello.

Cuando se te cierre una puerta, no te dejes llevar por el pánico. Tómate tu tiempo y considera la situación. De ser necesario cambia tu actitud para que se te abran más puertas. Repítete a ti mismo: “Creo en mí”. Es importante considerar cómo te ves a ti mismo porque es un reflejo de cómo te ven los demás. La esperanza es el mejor de todos los remedios. Aférrate a tus sueños. Haz cuanto puedas para realizarlos. Concédete una segunda oportunidad.

Una puerta cerrada debe ser considerada como fuente de nueva fortaleza, nunca como un fracaso. Saca lo mejor de ti, ten confianza, piensa a lo grande. No debes depender de la suerte o de alguien que te saque de la situación en que aquella puerta cerrada te ha colocado. Abre una nueva puerta, ábrela de una patada si es necesario, utilizando tu contratiempo como inspiración para moverte hacia delante y empezar de nuevo. Si es preciso, construye una nueva.

Tú puedes ver un buen potencial en una nueva relación y no siempre debes permitir que los comentarios negativos de la familia o de los amigos influyan en tus sentimientos. A los ojos de tus consejeros, nunca puede haber ninguno lo bastante bueno para ti, que es como tener una puerta cerrada, antes incluso de tener la oportunidad de abrirla. Sal con esa persona y juzga por ti mismo.

La puerta perfecta puede estar frente a ti, pero debes estar preparado para reconocerla. No dejes que el momento preciso pase de largo ante ti. El destino es lo que tú haces de él.

(resumen del libro “Cuando una puerta se cierra otra se abre” de Arthur Pine y Julie Houston)

Comprendiendo el proceso del duelo

 

Detrás de cada cambio importante hay una pérdida para elaborar, aún detrás de aquellos cambios que implican modificaciones positivas. Cada vez que algo llega, desplaza lo anterior, que deja de ser.

Y este cambio, sea interno o externo, conlleva un proceso de elaboración de lo diferente, una adaptación a lo nuevo, aunque sea para mejor. Mejorar también es perder.

 

Como su nombre indica, los duelos… duelen. Y no se puede evitar que duelan. El hecho concreto de pensar que voy hacia algo mejor que aquello que dejé es muchas veces un excelente premio de consuelo, que de alguna manera compensa con la alegría de esto que vivo, el dolor que causa lo perdido. Pero aunque compensa, no evita, aunque aplaca, no cancela, aunque anima a seguir…. no anula la pena.

 

Inicialmente puede que pasemos por una etapa de incredulidad, que nos sintamos confusos, que neguemos la pérdida. Hay que permitirse sentir el dolor plenamente porque el permiso es el primer paso de este camino y ningún camino se termina si antes no se comienza a recorrerlo. Es normal explotar desesperadamente, sentir furia, enojarse buscando a quien culpabilizar, y acabar sintiéndonos nosotros mismos culpables por todo lo que podríamos haber evitado o haber hecho. La impotencia nos causa desolación, nos damos cuenta de que las cosas no van a volver a ser como eran y no sabemos con certeza pronosticar de qué manera van a ser. Son momentos de tristeza, de miedos e incertidumbres. Hasta que decidimos transformar la energía ligada al dolor en una acción, lograr que mi camino me lleve a algo que de alguna manera se vuelva útil para mi vida o la de otros. Y nos resituamos en la vida que sigue, aceptamos la posibilidad de seguir adelante sin lo que perdimos.

 

Vivir los cambios es animarnos a permitir que las cosas dejen de ser para que den lugar a otras nuevas cosas. Hay que vaciarse para poder llenarse. Elaborar un duelo es aprender a soltar lo anterior, que nos suena más seguro, protegido y previsible, dejarlo para ir a lo diferente. Pasar de lo conocido a lo desconocido. Eso nos obliga a crecer, a madurar.

El dolor implica estar en contacto con lo que sentimos, con la carencia y con el vacío que dejó lo ausente. Nos produce tristeza y aunque ésta pueda generar una crisis, permite luego que uno vuelva a estar completo, que suceda el cambio, que la vida continúe en todo su esplendor. Un duelo se ha completado cuando somos capaces de recordar lo perdido sintiendo poco o ningún dolor. Cuando hemos aprendido a vivir sin eso que no está. Cuando hemos dejado de vivir en el pasado y podemos invertir de nuevo toda nuestra energía en nuestra vida presente.

 

En el caso de un divorcio, el duelo significa aprender que la pérdida de este vínculo puede dar lugar a que aparezca una persona que sea más afín con mis gustos y principios.

 

(resumen del libro “El camino de las lágrimas” de Jorge Bucay)

 

Dejar ir

Dejar ir…
 

Seguir llorando aquello que no tengo me impide disfrutar esto que tengo ahora.

 

Aprender a enfrentarse con el tema de la pérdida es aceptar vivir el duelo, saber que aquello que era es aquello que era y que ya no es más o por lo menos que ya no es lo mismo que era.

 

De hecho nunca es lo mismo.

 

Cuando yo me doy cuenta de que algo ha muerto, de que algo está terminado, ese es un buen momento para soltar. Cuando ya no sirve, cuando ya no cumple, cuando ya no es, es tiempo de soltar.

 

Lo que seguro no voy a hacer, si te amo de verdad, es querer retenerte. Lo que seguro no voy a hacer es tratar de engancharte, si es verdad que te amo.

¿Te amo a vos, o amo la comodidad de que estés al lado mío? ¿estoy relacionado con vos, individuo, persona? , o ¿estoy relacionado con mi idea de que ya te encontré y no quiero salir a buscar más a nadie?.

No te atrapo, no te agarro, no te aferro, no te aprisiono. 

Y no te dejo ir porque no me importes, "te dejo ir porque me importas."

 

Sí, hay miles de parejas que antes de encontrarse debieron separarse, y otras que se separaron y nunca se volvieron a encontrar y hay miles más que no se separaron nunca y vivieron estropeándose la vida para siempre, y hay toda la serie de variaciones que se te ocurran.
Basta que uno de los
dos sienta que se terminó, que ya no quiere más, que no tiene emoción, que se acabó el deseo, basta que uno sostenga que agotó todos los recursos pero no le pasa nada, basta eso para saber que no hay mucho para rescatar.

Si hay deseo, si se quieren, si se aman, si les importa cada uno del otro, si creen que hay algo que se pueda hacer, aunque no sepan qué, los problemas se pueden resolver, mejor dicho se pueden intentar.

Pero si para alguno de los dos verdadera y definitivamente se terminó, se terminó para ambos y ya no hay nada más para hacer. Por lo menos en esta vuelta de la calesita.
Quizás en la próxima te saques la sortija montada en el mismo pony porque en esta vuelta no hay más premios para repartir.

 

Y entonces habrá que decirle al que ama: "Tengo malas noticias para vos. Lo siento, se terminó…"

 

¿Y ahora? No lo sé. Seguramente duela.

 

Pero te puedo garantizar que no te vas a morir. Si no te aferrás no te vas a morir. Si no pretendes retener no te vas a morir. Salvo, que vos creas que te vas a morir."

 

" A mi me parece que la vivencia normal de una pérdida tiene que ver justamente con animarse a vivir los duelos, con permitirse padecer el dolor como parte del camino.

Y digo dolor y no el sufrimiento, porque sufrir es resignarse a quedarse amorosamente apegado a la pena.
Quiero poder abrir la mano y soltar lo que hoy ya no está, lo que hoy ya no sirve, lo que hoy no es para mí, lo que hoy no me pertenece. No quiero retenerte, no quiero que te quedes conmigo porque yo no te dejo ir.

No quiero que hagas nada para quedarte más allá de lo que quieras…"

"Si no aprendemos a soltar, si no dejamos ir, si el apego puede más que nosotros y nos quedamos ahí atados, pegados a esos sueños, a esas fantasías, a esas ilusiones, el dolor crecerá sin parar y día a día nuestra tristeza, y nuestro sufrimiento serán los compañeros de ruta, de una ruta hacia la depresión, la falta de incentivo, la falta de vida.
Cuesta soltar aquello que amamos, duele sentir que ya no somos amados pero en ese dolor estamos creciendo y madurando y si aprendemos a soltar estamos dejando atrás una parte de nuestra historia y empezamos a abrirnos a lo diferente, a lo desconocido…

 
"Dejar ir… esa es la clave, no es fácil, no es simple:

Duele… "

 Del libro "El camino de las lágrimas" de Jorge Bucay.