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­­Amanece soleado, el viento ha amainado y el cielo está despejado. Abro la ventana para sentir la energía de ese bello amanecer…

Desayuno en el hotel Playa Esperanza. Zumo de naranja, té negro con bergamota, yogur con piña tropical natural, pan integral rociado con aceite de oliva virgen de Sa Font Gata y queso mallorquín… y un pequeño capricho anti-dieta: un crêpe relleno de chocolate, uhmmmmmm!!!.

Después me voy al Spa a tonificar mi cuerpo. Una cascada de agua a fuerte presión sobre los hombros y el cuello me liberan de la tensión muscular acumulada en esa zona. A continuación los dedos de mis pies juguetean con los chorros a propulsión que bombean en la parte inferior, luego paso a los de la altura de las pantorrillas y posteriormente a los de los muslos, nalgas y vientre. La siguiente parada es en un habitáculo de forma circular donde apoyando los antebrazos se puede mantener la espalda flotando en el agua y recibir un hidromasaje revitalizante que estimula la musculatura y la circulación sanguínea.


Y luego, a liberar toxinas. Un baño de vapor con aromas balsámicos tumbada sobre un banco de gresite caliente para permitir abrir libremente todos los poros de mi piel. Aprovecho para efectuar largas y profundas respiraciones utilizando la capacidad abdominal, la intercostal y finalmente la torácica. Luego una ducha con gel exfoliante efectuando un peeling con ayuda de un guante de crin para eliminar las células muertas. Y me concedo otro capricho: un tratamiento de cobertura de algas mineralizantes y anticelulíticas. Luz tenue, música suave, y cierro los ojos abandonándome a que la esteticista deslice sus manos recubriendo de abajo a arriba todo mi cuerpo con el emplaste marino, por delante y por detrás. Después me envuelve en plásticos blancos especiales que permiten la transpiración y me rodea con una manta eléctrica a fin de que el calor ayude a penetrar los principios activos y la eliminación de toxinas. Veinte minutos dejando actuar el emplaste, mientras me concentro de nuevo en la respiración. Luego a la ducha!. Ver el agua desprendiendo el emplaste proporciona una agradable sensación de liberación y purificación. Y finalmente, crema hidratante y 2 vasos grandes de agua para recuperar la perdida durante el proceso.

Ya estoy lista para un poco de exposición al sol! Y como la bondad del día lo permite, me pongo un bañador y una camisola, y me descalzo para dar un tranquilo paseo por la playa. Mis pies sienten la ligera fricción del roce con la arena, y el frescor del agua abrazando la orilla. Respiro la brisa del mar, escucho el rumor de las suaves olas y extiendo la vista al horizonte.

El ejercicio me ha abierto el apetito. Mi madre me espera en el apartamento con un caldo casero que me recuerda a mi niñez…

Después de comer, con los rayos del sol primaveral como mochila, me voy a dar un paseo en bici por el Parque natural de la Albufera. Avanzo por un sendero perfilado por cañaverales que brotan junto al canal. Luego por otro, bordeado de flores blancas a los pies de una alta vegetación, la cual forma un arco en su parte superior acabando de enmarcar el camino. La luz se filtra por entre las hojas dibujando trazos geométricos en el suelo con las sombras de los tallos. El silencio ambiental permite distinguir los cantos de los pájaros, el graznido de los patos y el zambullido de los peces voladores. Se requiere un cierto equilibrio sobre la bici para ir sorteando los charcos del camino, y alguna que otra nube de mosquitos, pero la sensación de sosiego en contacto con la naturaleza vale la pena.

Llega el momento de reposar un rato. Ponen una película de amor y final feliz, titulada casualmente “Un día inolvidable,” con  George Clooney y Michelle Pfeifer. Descubro una sonrisa en mi rostro, y bajo a la tierra mi mente soñadora…

Decido subir a las alturas, pero ahora no con el pensamiento… sino en coche por las montañas del cabo de Formentor. Desde allá arriba la vista es espectacular. La grandiosidad de los impresionantes acantilados y la inmensidad del mar te hacen brotar la humildad.

Es hora de volver al hotel a cenar, momento de darle gusto al paladar. Primero unos frutos de la tierra (variedades de setas a la plancha, espárragos gruesos, tomates gratinados aromatizados con orégano, ensaladas llenas de color…) y luego unos frutos del mar (navajas, langostinos, todo ello regado con un aliño de ajo, perejil y limón…).  Mientras, a través de los cristales se perciben los reflejos de la puesta de sol en las montañas. Los tonos ocres van tiñéndose de rosáceos, y éstos dan paso a los violáceos…. Hasta que la oscuridad desdibuja su silueta y la del horizonte.

Ha sido un gran día.

Adelaida

     

(A partir del libro "Un viaje hacia el corazón", de Ascensión Belart)

Un viaje hacia el interior del corazón es una expedición hacia las profundidades de uno mismo, el proceso de crecimiento para convertirnos en seres humanos maduros y plenamente desarrollados. Este viaje requiere, en primer lugar, una limpieza o clarificación psicológica en la que vamos tomando conciencia de nuestros condicionamientos, limitaciones y defensas para finalmente acceder y desarrollar nuestro ser esencial.  Hemos de reconocer y trabajar nuestras pautas de infancia, nuestras imágenes limitadoras y conductas autodestructivas, los modelos de relaciones disfuncionales, la negación de nuestras necesidades, el miedo al amor y al abandono y los apegos. Se trata de un proceso de individuación para llegar a ser uno mismo, con las singularidades y peculiaridades propias.

Cuando no estamos en armonía con nuestra propia vida, o con la existencia en general, en ocasiones el alma se queja, protesta y reclama atención, y surgen los síntomas.  Estos indican la dirección de lo que el alma anhela, pero también aquello de lo que nos defendemos, a lo que nos resistimos con ahínco, e incluso buscan obtener lo que uno no se atreve a pedir. Si bien los síntomas los crea uno mismo, indican una disfunción, la existencia de cierto malestar interior, dolor y sufrimiento.  En el caso de la depresión, es una bajada a los infiernos personales, una parada del ritmo de la vida cotidiana para escucharse, para estar en contacto consigo mismo, encapsularse como la crisálida de una mariposa para llegar a tocar fondo. En el caso de la ansiedad (caracterizada por opresión en el pecho, taquicardia, sudoración, temblores y un nudo en la garganta) aparece cuando existen preocupaciones y conflictos no resueltos. Manifiesta que hay algo que se vive como amenazante. Los ataques de ansiedad suponen sentirse incapaz de lo que la situación requiere. La manera de sanar no pasa por rechazar nuestros síntomas o la enfermedad sino por abrazarla con amor, ternura y compasión, lo que verdaderamente constituye la mejor medicina.  La esperanza, hablar, expresar sentimientos y pedir ayuda cuando uno se halla preocupado, desanimado o apesadumbrado también son factores curativos. El enfado, el rencor, la angustia, la tristeza y el miedo son sentimientos que sólo son perjudiciales si no se expresan y no se afrontan.

Durante ese viaje hemos de cuidar nuestro cuerpo en todas sus facetas, aprender a respetar sus necesidades y ser responsables de nuestra salud y bienestar. Hay que cuidar la alimentación (somos lo que comemos), hacer ejercicio físico (provoca la liberación de endorfinas de efecto antidepresivo y ansiolítico,  estimula el sistema inmunológico y estabiliza el ritmo cardíaco) y aprender a respirar profundamente (modifica la manera de pensar, sentir y posicionarnos ante la vida; espirar e inspirar: dar y recibir). En el cuerpo se refleja nuestra vida emocional. Las emociones son experiencias somáticas y la energía que emana de ellas puede quedar liberada o por el contrario, bloqueada, dejando huella en el cuerpo.

Abrirnos a la vida significa permanecer vulnerables, permitirnos sentir. La vida en sí misma es incierta, insegura e impredecible. Entraña libertad y riesgo. La alegría de estar vivo significa aceptar el desafío de lo desconocido, abrazar lo nuevo. El proceso de crecimiento personal nos conduce a tomar conciencia de nosotros mismos y asumir la responsabilidad de nuestra vida. Mientras nos dediquemos a culpar a otras personas o a sentirnos culpables  permaneceremos encerrados en recorridos neuróticos. La culpabilidad supone seguir sufriendo por aquello que sucedió en el pasado, que obviamente no puede cambiarse. Si nos comprendemos, aceptamos y perdonamos estaremos generando nuevas conductas alternativas y sanas. En realidad sólo somos víctimas de nosotros mismos, de nuestras creencias limitantes y condicionamientos. Las personas que sufren porque dependen del amor y la atención de sus allegados, no se han asumido. Si aprendemos a contar con nosotros mismos todo cambia, recuperamos el poder, nos sentimos fuertes y capaces, confiamos en nosotros y en el mundo, conquistamos nuestra libertad. Podemos elegir entre ser nuestro mayor enemigo o nuestro mejor aliado, depende de si nos rechazamos o decidimos aceptarnos plenamente. Aferrarse a las personas, situaciones y circunstancias de forma estática, en una vida que es cambiante, acarrea dolor y sufrimiento.  Cuando nuestro mundo deja de ser previsible y cambia, experimentamos sentimientos de incertidumbre, dolor, rabia, impotencia, miedo, tristeza y frustración. Cuando admitimos la realidad sin resistencias, cuando aceptamos las cosas como son, desaparece el dolor. Fluir quiere decir aceptación, dejar llegar lo que viene, dejar ir lo que se va.

Todos aquellos aspectos, emociones y conductas que uno cree inaceptables y que por ello rechaza, como la rabia, los celos, la mentira, la vergüenza, el resentimiento, la culpa, el orgullo, la lujuria, la gula y las tendencias agresivas (actitudes que con facilidad proyectamos y reconocemos en los demás) pertenecen a nuestra sombra. Podemos verla cuando reaccionamos de manera exagerada y desproporcionada, con rechazo, desprecio o animadversión,  ante las actitudes, defectos y acciones de quienes nos rodean.  Dado que no podemos cambiar a los demás, pero sí a nosotros mismos, cuando nos reconciliamos con nuestros “enemigos internos”, cuando aceptamos esas partes rechazadas, curiosamente la relación con los “enemigos externos” se transforma.  Amarse de verdad supone amar también nuestras mezquindades y nuestro sentimiento de inferioridad o inadecuación. Lo peor de nosotros mismos, nuestra basura, sirve de abono y fertilizante para seguir creciendo.

Si nos vivimos como necesitados del otro, si sentimos que somos la mitad de una naranja y no seres completos exigimos al otro lo que suponemos que está obligado a darnos. La independencia económica es un requisito imprescindible para lograr la emocional. El verdadero encuentro entre el hombre y la mujer se da entre seres autónomos, solidarios, equivalentes e interdependientes, que se relacionan desde la libertad, la responsabilidad, el disfrute, la reciprocidad y la cooperación, sin atrapar, ni sentirse atrapados. Las actitudes de dependencia, las exigencias, la posesividad, los celos, el control, la manipulación y el sufrimiento no son sinónimos sino distorsiones del amor. La obsesión por el otro es un indicativo de la necesidad, no del amor.

La mejor manera para prepararse para un verdadero encuentro es aprender a estar solos, para conocernos en todos los sentidos, ampliar nuestra identidad, reconocer nuestras limitaciones y capacidades, aprender a ser autosuficientes y hacer aquellas cosas que nunca se habían hecho. Se toman decisiones y se asume la responsabilidad por lo que se decide hacer o dejar de hacer.  Supone estar en contacto con las propias necesidades, poner límites y reconocer lo que uno no quiere. Sin embargo, también es necesario un espejo donde mirarse, pero no se elige al otro para que nos salve, proteja, sostenga o adore. Tampoco para escapar de una situación o a fin de que nos proporcione seguridad. El conocer al otro y ser conocido requiere apertura y tiempo, no se trata de volcarse “de golpe” en una relación como una salvación, ni de renunciar a ser uno mismo.

Una relación entre almas se sustenta en la amistad, la confianza, la admiración y el interés por las actividades y sueños del otro. El respeto mutuo, la sinceridad y la complicidad fortalecen el vínculo, así como el honrar y valorar la relación.  Es importante respetar la relación tanto como preservar el propio camino individual. Para seguir enamorado es indispensable que nos guste la persona en quien nos hemos convertido durante la relación, y en muchas ocasiones sucede todo lo contrario: uno se ha alejado tanto de sí mismo que no se reconoce y tampoco se gusta. Y si la relación llega a un punto de irreversibilidad, sólo queda rendirse ante la evidencia y aceptar la situación, liberarse emocionalmente uno del otro a través de un proceso de duelo en que cada uno tendrá que perdonarse a sí mismo y a su pareja, sin culpar, ni culpabilizarse, acabar con los reproches mutuos y llegar a la conclusión de que ambos son responsables de la separación, la cual, entendida como una crisis, representa una verdadera oportunidad de salir de una relación intolerable e insostenible y crear una nueva vida llena de esperanzas, movilizando los recursos internos y externos. Es importante sentir gratitud por lo que hubo, por lo que el otro nos aportó, valorando no sólo lo que fue bueno sino también el aprendizaje de los aspectos más frustrantes y dificultosos. El viaje hacia el corazón requiere desprenderse, soltar, abandonar, aunque en un principio no pudiéramos imaginar vivir sin la persona a quien estábamos aferrados, porque lo cierto… es que siempre se puede.