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Comprendiendo el proceso del duelo

 

Detrás de cada cambio importante hay una pérdida para elaborar, aún detrás de aquellos cambios que implican modificaciones positivas. Cada vez que algo llega, desplaza lo anterior, que deja de ser.

Y este cambio, sea interno o externo, conlleva un proceso de elaboración de lo diferente, una adaptación a lo nuevo, aunque sea para mejor. Mejorar también es perder.

 

Como su nombre indica, los duelos… duelen. Y no se puede evitar que duelan. El hecho concreto de pensar que voy hacia algo mejor que aquello que dejé es muchas veces un excelente premio de consuelo, que de alguna manera compensa con la alegría de esto que vivo, el dolor que causa lo perdido. Pero aunque compensa, no evita, aunque aplaca, no cancela, aunque anima a seguir…. no anula la pena.

 

Inicialmente puede que pasemos por una etapa de incredulidad, que nos sintamos confusos, que neguemos la pérdida. Hay que permitirse sentir el dolor plenamente porque el permiso es el primer paso de este camino y ningún camino se termina si antes no se comienza a recorrerlo. Es normal explotar desesperadamente, sentir furia, enojarse buscando a quien culpabilizar, y acabar sintiéndonos nosotros mismos culpables por todo lo que podríamos haber evitado o haber hecho. La impotencia nos causa desolación, nos damos cuenta de que las cosas no van a volver a ser como eran y no sabemos con certeza pronosticar de qué manera van a ser. Son momentos de tristeza, de miedos e incertidumbres. Hasta que decidimos transformar la energía ligada al dolor en una acción, lograr que mi camino me lleve a algo que de alguna manera se vuelva útil para mi vida o la de otros. Y nos resituamos en la vida que sigue, aceptamos la posibilidad de seguir adelante sin lo que perdimos.

 

Vivir los cambios es animarnos a permitir que las cosas dejen de ser para que den lugar a otras nuevas cosas. Hay que vaciarse para poder llenarse. Elaborar un duelo es aprender a soltar lo anterior, que nos suena más seguro, protegido y previsible, dejarlo para ir a lo diferente. Pasar de lo conocido a lo desconocido. Eso nos obliga a crecer, a madurar.

El dolor implica estar en contacto con lo que sentimos, con la carencia y con el vacío que dejó lo ausente. Nos produce tristeza y aunque ésta pueda generar una crisis, permite luego que uno vuelva a estar completo, que suceda el cambio, que la vida continúe en todo su esplendor. Un duelo se ha completado cuando somos capaces de recordar lo perdido sintiendo poco o ningún dolor. Cuando hemos aprendido a vivir sin eso que no está. Cuando hemos dejado de vivir en el pasado y podemos invertir de nuevo toda nuestra energía en nuestra vida presente.

 

En el caso de un divorcio, el duelo significa aprender que la pérdida de este vínculo puede dar lugar a que aparezca una persona que sea más afín con mis gustos y principios.

 

(resumen del libro “El camino de las lágrimas” de Jorge Bucay)

 

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Volvamos a comenzar

 

Volvamos a comenzar…

 

Yo, que creí saber tanto respecto a relaciones amorosas.
Últimamente, sin querer y sin darme cuenta, en medio de un amor y otro, observando mis experiencias, mis aciertos y sobre todo, mis errores, he visto que en materia de amor, aun me falta tanto….

 

… Por APRENDER,
… Por ENTENDER,
… Por CAMBIAR,
… Por CORREGIR,
… Por ACEPTAR
… Por MEJORAR…

 

DEBO APRENDER que enamorarme no es obsesionarme ni irme a los extremos.

 

DEBO APRENDER que no debo poner toda la motivación de mi vida en una persona.

 

DEBO ENTENDER que no se debe rogar amor y que una relación de pareja no es para vivir angustiado.

 

DEBO APRENDER que si pretendo tener una relación de adulto, debo comportarme como tal.

 

DEBO ACEPTAR que en el amor, como en cualquier otra cosa de la vida, existen los tropiezos, las caídas y los dolores… El miedo lo único que hace es dificultar mas las cosas.

 

DEBO APRENDER que no es bueno sobrevalorar, endiosar, ni idealizar a nadie. Porque todos somos humanos y no debo esperar de mi pareja mas de lo que puedo esperar de un ser humano.

 

DEBO APRENDER que es bueno ser como soy, siempre y cuando eso no implique irrespetar a quien está conmigo.

 

DEBO ACEPTAR que en algunas ocasiones es necesario pasar por el gran dolor para conocer una gran felicidad, ya que a veces el suelo del fondo es el mas apto para brincar.

 

DEBO DE TENER PRESENTE que el sentir algo hoy, no implica que lo sienta mañana y así como me permito disfrutar, también debo permitirme llorar, ya que el dolor es parte de la vida, al igual que el placer.

 

DEBO ENTENDER que la comodidad que me brinda la rutina es falsa, porque la vida está en constante cambio, por eso es necesario aprender a tolerar la inseguridad natural que se maneja en la vida cotidiana.

 

DEBO ACEPTAR que los planes pueden desaparecer en un instante, porque el futuro se mueve como él desee y no como a mí me de la gana. Si éste me permite hacer algunas cosas sobre él, debo estar agradecido y no lamentándome por todo lo que no pude hacer.

 
DEBO ACEPTAR que alrededor del amor, la sociedad ha creado muchas cosas que son un fraude. Por eso debo dejar de ignorar la verdad sólo por seguir en una falsa comodidad o por miedo al dolor. Si la vida me demuestra que aquello en lo que puse mi corazón es una mentira, debo aceptarlo, llorando, desahogándome y renaciendo como la nueva persona que seré.

 

DEBO MEJORAR mi autoestima… Para que la partida de quien quiero no me haga sentir despreciado, humillado o rechazado. Para no ser tan sensible al abandono. Para que no hiera mi ego. Para no terminar creyendo que me dejaron por feo o por tonto. Para poder aceptar que simplemente funcionó el tiempo que tuvo que funcionar. Para no arrastrarme poniéndome de alfombra a los pies de nadie.

 

DEBO ACEPTAR que a quien le agrado hoy, no es seguro que le agrade mañana y eso no tiene porque ofenderme si lo acepto. Si acepto que a veces las personas no pueden dar más. Si acepto que quien está conmigo tiene derecho a no estarlo y a que yo ya no le guste. Si acepto que quien amo, tiene derecho a tomar sus propias decisiones, aunque a mi no me satisfagan.

 

DEBO RECORDAR que a veces, lo bueno se obtiene esperando…. y que presionando muchas veces se arruina. Por eso es necesario tener paciencia, esperar tranquilamente y

 

RECORDAR….

 
Que la impaciencia es producto de un impulso emocional que tal vez pronto pasará.
Que la impaciencia asfixia a quien está conmigo.
Que la presión se puede convertir en irrespeto.
Que tomar una decisión mientras estoy impaciente es peligroso, porque estoy influido por un estado emocional extremo y pierdo toda objetividad, ahí no va mi verdad, va mi impulso, mi compulsión y podría hacer algo de lo que me arrepienta.

 
Además, si soy paciente no veré como sufrimiento el tiempo que estoy en espera.

 
DEBO APRENDER a no ser posesivo. El que alguien se vaya no es perder una pertenencia que me gustaba mucho. Mi pareja no es mía, es prestada y “su dueño” tiene derecho a llevársela cuando desee y aunque “ser dueño” de alguien brinde más seguridad que tenerlo prestado, debo entender que eso es una ilusión. Aunque crea esa persona es mía, no lo es, por lo tanto….

 

No puedo decidir sobre la vida de quien está conmigo
No puedo esperar que haga sólo lo que yo desee.
No puedo controlarle, manipularle, adueñarme de ella, ni controlar su destino.
No debo reclamarle a la vida porque me quitó lo que me prestó.
Pero sobre todo, DEBO APRENDER QUE NUNCA DEJARE DE APRENDER, y que mientras continúo, aprendiendo, debo permitirme vivir y sentir y ahora, que me empiezo a recuperar de los dolores que sufrí, porque no había aprendido que había mucho que aprender, lo único que me queda es, tomar un gran suspiro y decirme a mi mismo…

 

¡Bueno amigo… volvamos a empezar!.


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Adelaida Delgado